Aficionados al radio control piden que les cedan el almacén de Protección Civil

El Ayuntamiento solo cedió la pista en Castro de Elviña a los miembros del Club Radio Control Patricia g. Fraga
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  “Todo lo que sea darle vida al pueblo, a mí me parece bien”, afirma un vecino de Castro de Elviña. Una zona en donde se ubica una antigua instalación de Protección Civil y que el Ayuntamiento cedió al Club de Radio Control el verano pasado, “pero solo la pista, no el local”, asegura Javier Roibas Fernández, presidente de la entidad. De hecho, han comenzado a recoger firmas “hace un par de días” para que el gobierno local les permita usar a ellos “y a los vecinos”, un inmueble que está “completamente abandonado”. Una iniciativa que cuenta con el respaldo de la asociación vecinal, según explican desde el club.

“Nos gustaría utilizar la caseta para hacer actividades con los vecinos”. Una idea que secunda otro residente, cuya casa está pegada al lado del circuito porque “se podía hacer alguna exhibición”, afirma, una actividad que a los miembros del club les gustaría llevar más allá y “montar en el local un scalextric para que los chavales puedan jugar o que empiecen a rodar con nuestros coches”.

Pero, al menos de momento, esta edificación sigue cerrada a cal y canto. Como argumentan desde el club, “la alarma lleva más de un mes sonando y nadie se acerca por aquí para apagarla”, lamentan. Al no poder utilizar esta propiedad, tienen que dejar sus utensilios fuera, con el consiguiente peligro de que se lo roben como ya les ha sucedido.

También tuvieron que arreglar toda la verja que rodea la propiedad. Aún así, “rompieron un lado y nos destrozaron el cuadro eléctrico” que tuvieron que solucionar ellos mismos de su “bolsillo”. “Presentamos una denuncia porque destrozaron la cerradura y lo de dentro, y esto es mucho dinero”, afirma Roibas.

 “Una bendición” > La buena sintonía entre los aficionados a los coches de carreras de radio control y los vecinos es tal, que un residente asegura incluso que “estos chicos son una bendición”.

Explica que antes de que adecentasen la pista, el lugar era utilizado por algunos jóvenes para hacer botellón. “Eso sí hacía ruido”, asevera y recuerda que una vez a su hijo “le dieron un botellazo en la cabeza porque fue a llamarles la atención”. Además, “a veces” incluso se acerca al circuito “a ver los coches”, concluye.

“Cuando llegamos, todo estaba lleno de maleza y basura de todo tipo”, expone Roibas que agradece a los residentes que desbrozasen las inmediaciones de la pista.

El alcalde, Carlos Negreira, les cedió el uso de la explanada el verano pasado. En aquellos meses, recogieron toda la basura y comenzaron a crear un circuito con “unas cien aletas que sobraban del carril bus” y que fueron donadas por el Ayuntamiento, aunque el traslado de las mismas fue cosa suya, rememoran. “Ésta es la única ayuda que hemos tenido” de María Pita, afirma Roibas. “En Narón, Lugo, en Samil..., el Ayuntamiento financió el circuito”.

En este punto, indica que el recorrido para los vehículos de radio control que han montado es el único de la provincia, porque en el barrio de Los Rosales hay otro pero “es muy pequeño y además está al lado de una iglesia, con lo que allí sí puedes molestar por el ruido”, asegura el presidente.

Respecto a las molestias, Roibas argumenta que antes de llevar a Castro de Elviña los coches fue a hablar con los vecinos, por si podía ocasionar algún problema: “Nosotros solo venimos los fines de semana y festivos y a partir de las once y media de la mañana”, una hora “prudente” para no interferir en el descanso de las viviendas más cercanas.

Por su parte, los vecinos se muestras especialmente agradecidos con que la pista en cuestión haya dejado de ser el epicentro de “fiestas” que se prolongaban hasta bien entrada la madrugada.

 

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