La crisis llena de mendigos las ciudades gallegas

GRA258. OURENSE, 26/04/2014.- Las vacas flacas han devuelto a las calles de las principales ciudades gallegas una estampa que se pensaba erradicada, la de seres normalmente inmóviles y silenciosos que piden una limosna. Son los mendigos de la crisi
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Las vacas flacas devuelven a las calles de las principales ciudades gallegas una estampa que se pensaba erradicada, la de seres normalmente inmóviles y silenciosos que piden una limosna. Son los mendigos de la crisis.
Juan Manuel se coloca en una avenida del centro de Ourense con su mochila y un cartel en el que se lee “Electricista sin recursos”. Él pide desde hace dos años, y lo hace para poder “sobrevivir”. Con sus bártulos, se instala en la puerta de un banco, una ubicación quizás paradójica porque “mi empresa quebró y me quedé en esta situación”.
Al menos un millón y medio de hogares españoles padecen una situación de exclusión social severa, un 69,8% más que en 2007, ejercicio que se toma de referencia, según reveló precisamente Cáritas, la organización humanitaria que ayuda a Juan Manuel.
En concreto, la cifra es de 1.552.000 millones de hogares, que se traduce en una afectación de más de cinco millones de personas en el conjunto del país.
Son 11,7 millones de personas las afectadas en el presente por distintos procesos de exclusión social, refleja este informe, 4,4 más que en 2007, con lo que el aumento fue del 60,6%. Con este panorama, afloran los ciudadanos que se ven abocados u obligados al pordioseo, un fenómeno asociado a la pobreza, el paro, la miseria.
En Santiago, una de esas “sombras anónimas”, que prefiere no identificarse, suma seis años con el siguiente letrero: “Persona sin recursos”.
El restaurante ante el cual situó su “puesto de trabajo” le sirve un plato de comida diario y la mujer que le alquila una pequeña habitación “por un precio módico y simbólico” le acondiciona la ropa y cocina para él.
“Hay solidaridad aún para estas gorras dispersadas por las principales arterias” de la capital gallega, concluye.
A pocos metros de Juan Manuel, se encuentra en la metrópoli de las Burgas el ourensano Delfín P.S. que pidió, por primera vez, hace quince años, un oficio al que ha vuelto. “Quien más te ayuda es aquel al que también le cuesta llegar a fin de mes. Es increíble”, sostiene.
Delfín, y otros a los que conoce, se sienten “abandonados” por los gobiernos, a los que reclaman que “velen por los de casa”, con la misma intensidad con la que lo hacen determinadas organizaciones.
Cruz Roja, una de las que menciona, cuenta desde 2003 con el programa “Sen Teito” que vio aumentar el perfil de personas que, sin llegar a encontrarse en la calle, están al límite debido a las deudas, explica el integrador social Diego Conde.
“Cada vez se acercan más personas que han perdido su empleo o aquellos que han sufrido rupturas familiares con las consecuencias que esto conlleva. Entre los que están al borde de la calle, hay muchas familias, y mujeres solas con menores a su cargo”, especifica.

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