Reportaje | Nombres curiosos que las calles de la ciudad perdieron con el paso de los años

Batería de salvas, en el fuerte del Malvecín, hoy conocido como muelle de Batería
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Es el ejemplo de la calle de Canta la Rana, actualmente conocida como calle Arco. Los vecinos de esta céntrica vía, el 10 de septiembre de 1793 según un Memorial, pretendían que se suspendiese la construcción de Rastrillos de la Real Junta.

El 9 de julio de 1801, la Junta inspeccionó con asistencia del presidente la calle de Canta la Rana y lo perjudicial de los arcos o soportales que tiene a sus extremos, cuyo derribo solicita, el rector del Colegio San Agustín, José González, Pedro Llanusen, Feliciano López, Antonio da Silva, Clemente do Mato, Juan Francisco García, Jacobo Varela, Juan Pedrido, Domingo Abella y José de Llames Isla. Los dueños de la casa de dicho lugar, oponiéndose Francisco Antonio Navarro y acordando que a costa de todos se verifique el derribo y reedificación de todos los frentes por el arquitecto, bajo las órdenes de Lorenzo Sagra.

El 6 de agosto, el Comisionado para el derribo de los pasadizos de la calle de Canta la Rana da cuenta de haberse ejecutado y de la resistencia de Pablo Cruceiro y Flores, dueño de una de ellas, a pagar el importe de su demolición, lo mismo que los demás vecinos que lo ejecutaron, en beneficio de la reedificación del frente de aquella casa.
Acordándose, que por cuanto el enunciado Pablo, recogió los enseres que resultaron del derribo, reedifique a su costa su frente y pague a los operarios que la ejecutaron, regulado su haber por el arquitecto Fernando Domínguez. En esta misma sesión, se trata el memorial de Pablo Cruceiro y Flores, en que refiere los pasajes que mediaron en el derribo del pasadizo de su casa en la calle de Canta la Rana, y que esta quedó reducida al ámbito de once cuartas de ancho y 37 de largo.


Que la Junta se sirva mandar al maestro arquitecto y la reconozca con citación del padre rector de San Agustín y más interesados, forme plano del modo que debe construirse y calcule su valor. Manda que los sobredichos hagan el edificio a su costa o aporten su importe. Acordando, sé de vista de dicha instancia al rector del Colegio de San Agustín, y más sujetos que formaron el memorial de 25 de mayo y expongan lo conveniente.

Otro ejemplo de nombre curioso es el del Cantón de la sardina, conocido a día de hoy como Cantón Pequeño. El 29 de septiembre de 1794, la Junta tuvo presente una instancia de los vecinos de la calle del Cantón Pequeño, en orden a los perjuicios que se observan, al limpiar al público la sardina en aquel paraje,.

Prohibición
La Junta acordó prohibirlo bajo la pena de dos ducados por primera vez, tres por la segunda y cuatro por la tercera y un mes de cárcel.

Señalando al efecto toda la calle de Santa Catalina. El 13 de julio de 1795 se trató la contestación del Intendente al oficio que se pasó para desembarcar la sardina en la rampa junto al Alcabalatorio de la Puerta de Abajo, acordando publique bando para que se beneficie la sardina en el paraje señalado, bajo las penas que imponga la Junta a los contraventores, sirviendo disponer al Gobernador se abra el rastrillo prevenido para el desembarque de la sardina, sin permitir que ninguna otra persona pueda sacar ningún género, para evitar el contrabando y al mismo efecto se cierre el del Cantón Pequeño, por donde antes se desembarcaba este pescado.

Para regularizar el terreno donde se dispuso beneficiar la sardina, se acordó que el arquitecto disponga arreglarlo. En la Junta del 16 de julio se acuerda que en el lugar destinado para la venta de sardina se coloquen unos pozos de cantería para comodidad de los vendedores y que este gasto y todo el que ocasione el arreglo del mismo se ejecute a cuenta de gastos eventuales, que satisfaga el tesorero por las relaciones semanales del arquitecto.
El 9 de octubre, se indica en un libramiento que se pague a José Láncaster, gobernador de la Plaza, 960 reales de vellón, lo mismo que dicho señor satisfizo a los sujetos que extrajeron los escombros existentes en el sitio donde se hace la venta de la sardina. En la calle del Hornoquemado, y en la de San Andrés, a cuyo efecto el Contador forme libranza.

Memorial
El 12 de enero de 1796, la Junta da cuenta de un memorial presentado al Comisario de Marina de este Puerto, por Ramón Pereira, Manuel Araujo y Pedro Antonio Fuentes, apoderados del Gremio de Mar de esta Ciudad. Pretendían que se les cubra y ensanche la nueva plaza, construida para la venta de la sardina, y que estén abiertos los dos Rastrillos del Cantón y Puerta de la Torre, para lavar y conducir aquel pescado. La Junta acordó que haciendo estos interesados obligación de que no se venderá sardina alguna en el Cantón, sino en la plaza nueva, se franqueen los Dos Portillos.

El 11 de agosto de 1798, teniendo presente la Junta que la venta de la sardina en la calle de los Cantones deteriora el pavimento, incomoda el tránsito y habitación de aquellos vecinos, acordó se beneficie en la Plazuela que al intento se hizo a la inmediación del Alcabalatorio de la Puerta de Abajo, para lo cual se servirá de prevenir se abra aquel rastrillo y cierre el de los Cantones y pasar oficio al señor Intendente por lo que respecta al Resguardo de Rentas. Asimismo acordó se haga saber a los dos capataces del Gremio de Mareantes de esta providencia, a fin de que la cumplan.

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