Monólogo del Depor

Los jugadores del Deportivo celebra el 3-0 que dejaba sentenciado el partido | patricia g. fraga
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El Deportivo volvió a ganar en Riazor, la clave de esta temporada y, sin duda, el gran aval para conseguir el ascenso de categoría. Fue un partido en el que el rival no se amedrentó, pero la definición coruñesa marcó el choque y el triunfo.
La primera jugada de ataque del Depor, y del partido, llegó pasado el segundo minuto, con un centro de Quique González que remató flojo Carlos Fernández. El Oviedo respondió con una clarísima ocasión que desbarató primero Dani Giménez y posteriormente Diego Caballo. El susto fue tremendo para el deportivismo; la afición ovetense casi cantaba el gol visitante.
El Oviedo, aunque con línea de cinco, presionó alto al Depor en la salida, sabedor de que el equipo blanquiazul podría sufrir jugando de esa manera. De hecho consiguió neutralizar el fútbol del once coruñés durante bastantes minutos.
Tuvo que ser Domingos Duarte el que rompiera la igualdad en el marcador y en el campo cuando, a los 21 minutos, cabeceaba un córner botado por Carles Gil y, muy solo en el área (con Anquela cabreadísimo) conseguía alojar el balón en el fondo de las mallas.
Llegaron después minutos tranquilos, con el Deportivo defendiendo el marcador y el Oviedo un tanto desordenado. Los herculinos se acercaron en un par de ocasiones al área rival pero no eligieron bien la finalización de las jugadas, como –por ejemplo– cuando a la media hora Carlos Fernández decidía chutar desde lejos en lugar de buscar a sus compañeros, que esperaban el centro. Una acción que el propio Vicente Gómez recriminó al sevillano.
En los instantes finales de la primera parte el equipo de Natxo lo intentó de nuevo. Quique González dispuso de una buena opción que culminó con un disparo que encontró una buena respuesta de Champagne.
El cuadro coruñés se encontraba ante un buen Oviedo. Los de Anquela, a pesar de ir cayendo en el marcador, daban una buena imagen y llegaban con peligro en varias ocasiones, pero el Depor defendía bien, no solo numéricamente, sino con una buena actitud colectiva para neutralizar a los carbayones.
Con la victoria por la mínima y un ambientazo de gala en las gradas se llegó al descanso del partido.
Se reanudó el encuentro con los mismos argumentos que al principio del choque. El Oviedo no se complicaba en defensa, anulaba todo peligro con contundencia y rapidez y, si podía, presionaba con las líneas adelantadas al equipo blanquiazul. La lluvia había acelerado el verde, que comenzaba a ser resbaladizo. El Depor intentaba salidas rápidas para acceder a la portería rival pero no tenía la brillantez de otras tardes. No obstante parecía controlar el partido, sobre todo, merced a su buena defensa colectiva. Carles Gil disponía de una buena ocasión a los 55 minutos pero no era capaz de concretarla. Tras robar la pelota y ‘fabricarse’ él mismo la oportunidad su disparo se marchaba desviado. Ocurría lo mismo con Quique, quien recogía el esférico en el área para darse la vuelta girando sobre sí mismo pero el esférico también tomaba una dirección no deseada.
Superada la hora de partido era Joselu el que gozaba de una gran oportunidad, pero Dani respondía de manera excelente bajo los palos. Volvió a actuar el meta gallego a disparo de Bárcenas, deteniendo el balón en dos tiempos. El Oviedo estaba llegando más a la meta coruñesa, con más presencia en terreno blanquiazul y Natxo buscó soluciones en su banquillo, donde esperaba la oportunidad Fede Cartabia después de su proceso de recuperación.
El técnico hizo el cambio lógico, por el jugador que ocupa el vértice del rombo que se sitúa detrás de los delanteros, Fede entró por Carles Gil. Aunque no sea una causa-efecto, a los pocos segundos Quique González anotaba el 2-0 con una gran jugada en velocidad por el costado derecho y le daba una buena perspectiva al resultado. Era el tópico gol de la tranquilidad.
El Oviedo no bajó los brazos y Joselu rozó el tanto a los 69 minutos con un disparo que se marchó sobre la meta blanquiazul. A los 72 el Deportivo sentenciaba el partido, a su rival, y demostraba la pegada que tienen sus delanteros. En esta ocasión era la ‘pareja de baile’ de Quique, Carlos Fernández, quien marcaba un golazo entrando por la lateral del área. Tres minutos después era Quique el que recibía la asistencia del sevillano para anotar el 4-0 y ver cómo Riazor estallaba de júbilo con una nueva goleada.
A partir de entonces el cuadro de Natxo se gustó y hasta pudo marcar más, pero también el Oviedo, que pudo maquillar el resultado con el tiempo casi cumplido y un Deportivo ya muy cansado. Una pérdida de Domingos Duarte propició una clara ocasión ovetense con un balón que se fue al palo a disparo de Ibra.
No hubo tiempo para mucho más. En un encuentro que acabó sin tarjetas para ninguno de los contendientes, con buen ambiente en las gradas merced a la presencia de más de 2.000 seguidores del Oviedo y con una nueva goleada, el respetable solo pudo aplaudir y tener unos dulces sueños, ya que, una vez más, el equipo durmió en ascenso directo e invita, precisamente, a soñar con el objetivo. l

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