Menos del 10% de los coruñeses con andropausia acude al médico

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Frente a las mujeres, que acuden a su ginecólogo y asumen la llegada de la menopausia con naturalidad, los hombres apenas se dejan ver por los centros de salud cuando los síntomas del hipogonadismo son igual de palpables. 
El especialista en endicronología y nutrición del Chuac, Fernando Cordido, calcula que del total de féminas que se tratan contra los efectos, les secundan en el caso de los pacientes masculinos menos de un diez por ciento. 
La razón está en que aunque la disminución de la función de las gónadas es evidente, “sí es más dudosa la existencia de la andropausia. No está claramente definida”. 
Y es que en ellas, la falta de la menstruación certifica la declinación de la función ovárica y la entrada de un período donde tienen que pelear con cambios de humor y sofocos, consecuencias que también sufren los hombres, según el doctor. 
Por otro lado, la falta de afluencia de pacientes se debe a que es un tema tabú ya que implica un descenso de testosterona y, por lo tanto, disfunción eréctil. 
Cordido explica que lo normal es que el hipogonadismo fisiológico aparezca en hombres con edades entre los 50 y 60 años. Sus dos manifestaciones más claras son, por un lado, la pérdida de características sexuales secundarias como es el bello corporal y la barba, y, por otro, la disfunción eréctil. 
Además, la testosterona es necesaria, explica el médico, para mantener la masa ósea y muscular y si el hipogonadismo se presenta de forma precoz puede generar la pérdida de musculatura y fuerza, esto es, cansancio. 
Si bien la causa más común es fisiológica, la andropausia se puede anticipar por una enfermedad como las paperas, que provocan una inflamación en los testículos, un tumor o un traumatismo a nivel testicular. Su tratamiento, al igual que el de las mujeres, consiste en la inyección de hormonas, aunque también se pueden suministrar a través de geles. 
Cuenta el endocrino que como los síntomas son llevaderos: “No te mueres si los padeces. Son más bien leves”, los afectados evitan ir al hospital. Eso sí, apenas existe conocimiento sobre el tema. Solo los casos más llamativos acaban siendo tratados y “posiblemente lo requerirían más personas de las que vienen”. 
Aunque el estrés también puede influir, sobre todo, en la vertiente psicológica, este se acusa más entre la población que padece disfunciones eréctiles sin que estas tengan que ver con el hipogonadismo.

Menos del 10% de los coruñeses con andropausia acude al médico