Reportaje | La “elasticidad” y resistencia del ferrado, la medida agrícola de Galicia

Ni la presión “estandarizadora” de Madrid ni la dictadura del metro cuadrado consiguieron acabar con la medida de superficie agraria más extendida en Galicia. Como el acre en los Estados Unidos, el arpent en Francia o el celemín en Castilla y León, el ferrado se utiliza en las cuatro provincias, pese a tener más de medio centenar de equivalencias distintas, veintidós solo en A Coruña.

Así, cualquiera que esté interesado en invertir en suelo rural deberá ir surtido de calculadora para convertir los ferrados, vinculados a la productividad de la tierra, a los valores del Sistema Métrico Decimal.

En el área de Betanzos, un ferrado son 436 metros cuadrados, ocho menos que los 444 que se establecen en la de A Coruña. Eso, sin contar las excepciones de Curtis y Vilasantar que, con cien metros más por ferrado que el resto de la comarca, se acercan más a los 603 de Mesía, y de Miño y Vilarmaior, donde equivale a 548. Los mismos que en sus vecinos de Pontedeume, perteneciente a otra comarca pero colindante y adscrito al mismo Partido Judicial de Betanzos.

En cualquier caso, el de menor extensión de A Coruña es el que se aplica en la Comarca de Muros, donde cada uno son 335 metros cuadrados, casi la mitad de lo que le corresponde solo cien kilómetros al noreste, en Trazo (Ordes), donde alcanza la más elevada equivalencia de toda la provincia coruñesa: 640. Un número que solo superan algunos ayuntamientos de las áreas de Lugo, de A Mariña y de Os Ancares Lucenses, colindantes con Asturias y con León.

Calidad

En la era de las nuevas tecnologías, el medio rural, sustancial en la economía y desarrollo del país, se aferra a una particular manera de entender el campo, a una medida autóctona donde impera la calidad y se desdeña la cantidad –al menos, la de metros, que no la de siembra– siguiendo los criterios vigentes hasta el siglo XIX.

Así, el valor cambia de las tierras ubérrimas de los valles a las más improductivas de las áreas montañosas, oscilando entre los cuatrocientos y los setecientos metros cuadrados, aunque la media se sitúa alrededor de los 500.

Un ferrado es, en realidad, un depósito de madera que medía el grano con el que los labradores tributaban a los propietarios de los terrenos y que, aunque en la actualidad pueda parecer un sistema propio de otras épocas, siguió siendo usual en todo el entorno metropolitano hasta el XX.

En cada contenedor cabían entre doce y veinte kilos, dependiendo de su tamaño y por supuesto, del contenido –recibían trigo y maíz, principalmente– y de ahí expresiones como esta escuchada en una aldea de Bergondo: “Os noventa ferrados de gran de trigo, que era a renda que lle correspondía ao amo, se levaban en carro ata Betanzos”.

En este sentido, lo que en principio puede parecer un problema importante no lo es o, cuando menos, es mínimo “porque estamos acostumbrados, y más en comarcas como esta donde el peso del rural sigue siendo enorme y hacemos estos cálculos cada día”, explican desde un estudio de ingeniería de Betanzos.

“Antes aún era más sencillo porque los abuelos sabían calcular casi a simple vista, solo atendiendo al ancho y largo de la parcela”, añaden para, a continuación, comentar los casos de Curtis y Vilasantar, los únicos del interior de la comarca brigantina con una equivalencia distinta, aún cuando el terreno en cuestión esté a unos metros de otro de características similares, pero en los términos de Cesuras o de Aranga.

Los intentos por unificar las medidas se sucedieron desde el siglo XIII, con Alfonso X, pero no es hasta el XIX, con Isabel II, que se decreta la Ley de Pesos y Medidas de 1849 advirtiendo de que en “los dominios españoles habrá un solo sistema de medidas y pesa” (...) y “la unidad fundamental de este sistema será igual en su longitud a la diezmillonésima parte del arco del meridiano que va del polo norte al ecuador y se llamará metro”, recoge la norma, sancionada en San Ildefonso (Segovia).

Con todo, el ferrado resistió a aquella intentona, e incluso a otra posterior, según los expertos por su sentido social, superior al del Sistema Métrico Decimal. Solo esto, su vinculación a la productividad de la tierra en cada parroquia entonces y en cada municipio en la actualidad– explicaría su resistencia al paso de los siglos y a la desaparición, estando presente en escritos de todo tipo en el día a día del agro en Galicia.

Reportaje | La “elasticidad” y resistencia del ferrado, la medida agrícola de Galicia

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