Manuel Jabois | “El libro lo acabé como acabo las crónicas: con la lengua fuera y a contrarreloj”

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El periodista Manuel Jabois caminó ayer, en la Fundación Luis Seoane, junto a su primera novela “Malaherba”, que narra los miedos y las inseguridades de un niño de 15 años.

¿Cómo surge la idea de la novela?
Imagino que por la necesidad de desconectar de la actualidad. Los periodistas estamos metidos en una actualidad muy intensa y salvaje, tanto política como social; entonces, de repente, encontré en la ficción una manera de desconectar de eso y, de algún modo, unas vacaciones. Este término no está bien empleado, no fue un placer escribir esta historia, pero sí que tenía una ambición y entusiasmo renovados a la hora de ponerme a escribir. Además, tuvieron que ver un par de imágenes. 

¿Cuáles?
Un niño que está aprendiendo a montar en bicicleta o a nadar y lo están sosteniendo por debajo sus padres, pero lo dejan de sostener. Sin embargo, el niño sigue nadando como si nada y se da cuenta de que no le están ayudando. En este caso, unos niños piden ayuda y otros siguen. Esa imagen ha sido el detonante de la historia, la que más me inquietaba e incomodaba.

¿Hacía tiempo que le rondaba una novela la cabeza?
Sí, tenía ganas. De hecho, en los últimos 20 años he empezado una cada año. A veces se quedaban en una primera frase, un primer párrafo o un título. De esta vez sí que ha tenido más recorrido.

¿Dónde nace “Malaherba”? ¿Esa frase que abre el libro y dice “La primera vez que papá murió todos pensamos que estaba fingiendo”?
De una forma completamente azarosa. En un coche, haciendo tiempo en Madrid y se me ocurrió esa frase, sin tener ni idea de qué iba a escribir después. La primera frase ya enterraba un enigma muy complicado de resolver, entonces tardé bastante en continuar. La segunda tardó como un año. 

¿Dónde acabó?
Como acabo las crónicas y los artículos: con la lengua fuera y a contrarreloj para poder llegar a tiempo. Acabó con la editora esperándome en la cafetería y yo escribiendo los últimos párrafos en casa. 

Entonces, ¿le gusta o no fijarse plazos?
No, estoy acostumbrado a trabajar con plazos porque soy periodista y trabajo con una hora de cierre. En la novela no puedes trabajar con una hora de cierre, pero sí debes hacerlo con un mes de cierre para que salga. Sin plazos me costaría mucho acabar las cosas. 

La novela imagino que surge de la necesidad de desconectar de una actualidad muy intensa y salvaje, tanto a nivel político como social

 

¿Se considera perfeccionista?
No, de hecho, cuando perfecciono las cosas las empeoro.

Llegados a este punto, ¿Cómo define la novela en una frase?
La historia de un niño que quiere seguir siéndolo cinco minutos más.

¿Ponerse en la piel de un niño de 15 años fue complicado?
No, soy bastante quinceañero, tengo una mentalidad bastante adolescente. 

¿Alguna obsesión está reflejada en la obra?
Sí, el miedo, las inseguridades y el origen de todo eso.

Hace poco vino el director de cine John Malkovich a la ciudad y reconoció que no suele ver sus películas una vez finalizadas. ¿Le pasa lo mismo con sus libros?
Sí, no puedo abrirlos porque quiero cambiar todo. Sé que la gente está más o menos contenta con él y cuando lo leí me gustó, evidentemente, pero han pasado dos o tres meses y ya quiero cambiarlo todo.

¿Con los textos periodísticos es más perfeccionista?
Sí, ahí no queda más remedio, son más delicados y hay que tener más cuidado.

¿Siempre tuvo a un pequeño periodista en su interior? 
Sí, dentro y fuera.

Manuel Jabois | “El libro lo acabé como acabo las crónicas: con la lengua fuera y a contrarreloj”