Riazor arropa a su niño

GRA163. A CORUÑA, 10/08/2014.- Los jugadores del Deportivo de La Coruña celebran el primer gol frente al Sporting de Gijón, durante la final del LXIX Teresa Herrera disputado esta tarde en el estadio de Riazor, en A Coruña. EFE
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alberto torres
la cronica

Decía Víctor Fernández que el Deportivo es como un niño que ha de crecer. Precisa más tiempo el proyecto para madurar y obtener los pretendidos resultados: victorias con un estilo propio.
Alabamos, y con razón, los planteles aguerridos a los que meter un gol es casi como del género de la fantasía. De hecho el Deportivo se ha aferrado a la máxima de ‘puerta a cero’ en muchos momentos de su historia. Pero Riazor también ha sido crítico con el resultadismo que no acompaña al buen juego. Hemos visto aplaudir en casa por pinchar una pelota y darle a la punta de la Torre de Maratón. Una cosa es el recurso puntual y otra la filosofía del juego. Pero Riazor también ha puesto cara de ‘no jugar a nada’ en muchas jornadas.
El Deportivo quiere ganar cuidando la pelota. Dignísimo. Muchos de los errores que han costado jugadas de gol y algunos tantos encajados, vienen de la primera intención de salir haciendo rodar el esférico.
La propuesta del equipo de encontrar la lucidez deja algunas jugadas de cine, como la pared en el área del Celta en la segunda parte del derbi. Hay momentos en los que el Deportivo se despliega en ataque con muchos argumentos y en esta faceta da gusto verlo jugar.
Obviando la debacle del choque ante el Madrid, en los partidos más terrenales el equipo ha tenido buenas y malas fases. Los errores propios han machacado la portería del Depor. El aviso para esta tarde, además, es doble. El otro día se defendieron 14 córners y el Celta marcó en el penúltimo. El cántaro que va a la fuente... Porque antes se defendieron bien un buen número de saques de esquina.
De acciones de córner a favor o saque de banda a favor pasamos a una contra del rival en un par de ocasiones.
El Almería va a jugar hoy con sus armas. Avisa Víctor Fernández con la posibilidad de un repliegue intensivo y ‘contra que te crió’. Hay que arropar al niño, sobre todo porque cualquier equipo, en una de estas, ‘te la clava’.
Pero también hay cierta tranquilidad, y eso es bueno. A pesar de las críticas, que siempre existirán, y de que bien podría haber algún puntiño más en la cuenta, el equipo es equipo. Y esto es lo más importante del asunto. Mantener la constancia y la fe en el trabajo. Después del choque de Vigo muchos creen que, incluso, el nuevo Deportivo nació en este partido donde un penalti estuvo a punto de cambiar la balanza y nivelarla. Así piensan dentro del corazón de Abegondo. La afición se quedó aplaudiendo a los suyos, ¡después de perder el derbi y viniendo de un resultado escandaloso! La maruxía blanquiazul sigue mostrando de qué pasta está hecha. De la del fútbol de verdad, y eso es lo que quiere darles el vestuario a los aficionados.
En esta loable tarea de que los que paguen se diviertan y vean ganar a su equipo (los lunes, así, son más felices en A Coruña y  Galicia) andan enfrascados Fernández y los suyos. Se ve un respeto absoluto a la manera de trabajar de todo el entorno deportivista. Por encima de un fallo puntual o un resultado pésimo, hay comunión porque los deportivistas saben que este equipo no se va a colgar del larguero, menos en casa. Más riesgos asociados.
Ahí es donde entra el tono físico, la concentración, la competitividad, el compromiso con los compañeros en las ayudas, las mecánicas de juego y mil cosas más...
Pero todo esto lo sabe el que tienen que saberlo, que es el que está en el banquillo, con un currículum como la A-9 de largo, y es en lo que se machaca cada día el plantel en Abegondo. Trabajo y trabajo.
El Depor además, no ha tenido mucha suerte en el arranque liguero. Hay algún balón que ves dentro y otros que ves fuera. Y al revés. Es así. Hay equipos que tienen más ‘berza’ que otros. Rachas, y a buen seguro que el conjunto blanquiazul también tendrá la suya.
Es tiempo de seguir creciendo. De que el ‘niño’ siga creciendo. Hay jugadores -niños- que llevan aquí tres meses y puede que se vayan en siete. Tampoco será fácil para ellos andar cambiando de colegio todos los cursos. Con la blanquiazul puesta son uno más, lleven siete o veintisiete.
El futuro no está escrito pero, si la temporada soñada -salvación- sale con la lucidez que quiere el Depor estaremos no sólo en el camino del primer objetivo, sino el general. Crecer. Lo mismo que hace el equipo es lo que quiere la Plaza de Pontevedra. Empezar a crecer.
Riazor arropa a su cativo ante el Almería para seguir creciendo. Que nadie lo dude.
Hoy es un día, además, especial. Especial niños. Vuelve la mítica grada de los chavales al estadio. ¡Y que dure muchas temporadas, todas las jornadas y en Primera!
‘Para sempre’.

Riazor arropa a su niño