Quién fuera Silvio Rodríguez en el Coliseo

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Silvio en playa Girón. Silvio en estado puro. Con guitarra. A viva voz. Silvio no fue más que Silvio en una cita que cumplió con creces las expectativas depositadas en el cubano. Y es que el repertorio de una vida fue más que suficiente y aunque quedaron muchas en el tintero, al escenario se subieron y con pajarita las imprescindibles más un puñado. Así es que los cerca de 4.000 espectadores del Coliseo cabalgaron a lomos de un unicornio azul para traspasar la frontera de los años y colocarse en pleno revolución, fusil contra fusil. Desde las trincheras, regalaron una canción que no se marchita como tampoco se marchita el trovador, que entonó de nuevo un “ojalá” coral. Así es que el canto de esperanza voló tan alto que llegó hasta oídos “necios”, en un toma y daca que no se dejó a nadie en el camino y en el que se acordó de su amiga Ana Montes, presa en Estados Unidos, y de los 13 años de la muerte de José Couso al que le dedicó “La maza”. Para ganarse a los suyos, Silvio se acompañó del Trío Tovarroco, formado por Rachid López, Cesar Bacaró y Mikel Elizarde. A 70 años de carrera le puso una flauta y un clarinete, el de Niurka González, y una batería, la de Oliver Valdés. En el contrabajo se situó Jorge Reyes y Jorge Aragón lo hizo al piano. Por último, Emilio Vega tocó el vibráfono y el cuento comenzó con “Amoríos”, por ser el último, “puesto que hace tiempo que no venía por aquí”. Le siguió la de una mujer con su sombrero y los versos de Rubén Martínez para continuar con aquella que habla de un corazón con muros y recordar un vuelo tormentoso al lado de García Márquez, del que salió una canción. No podía ser menos.

Quién fuera Silvio Rodríguez en el Coliseo