El sol, ese elemento extraño en Todos los Santos

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Eran ya varios años en los que la lluvia, o al menos unas amenazantes nubes, se empeñaban en restar público a la feria de Todos los Santos, una de las más importantes de Betanzos. Unas veces más, otras algo menos, se habían visto ligeramente deslucidas por el agua, que obligaba a tunear los puestos con lonas de plástico y que poblaba el paisaje de paraguas.
Pero ayer no hubo contratiempos desde arriba. La de ayer sí lució en todo su esplendor. Por el brillante sol que este año no quiso perdérsela y porque, así sí, la gente se echa a la calle sin ningún rubor, a disfrutar de una feria que es orgullo betanceiro y que atrae a visitantes de toda la comarca.
Castañas y flores. A pesar de la temperatura de ayer, más propia de un mes primaveral que del recién estrenano noviembre, es época de castañas. Eso no va a cambiar, y menos en una feria como la de Todos los Santos en la localidad brigantina.
Por eso, los visitantes se apresuraron a comprarlas, para llevar o para consumir en el momento, pero haciendo honor a la tradición de un primero de noviembre en el que, además, la venta de flores cobra también una importancia notable.
Y entre frutos y pétalos, mucho más. La ropa, el calzado, los huevos, las hortalizas... Esto es Todos los Santos. Es Betanzos. Y, aunque no lo pareciera, es pleno otoño en el que se coló, sin esperarlo, un elemento extraño: 
el sol.

El sol, ese elemento extraño en Todos los Santos