El talento contrarresta la valentía

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La valentía tiene que ver con el riesgo pero no con la insensatez. El Cerceda dejó bien claro que presionar a todo el campo en Abegondo no es de equipo suicida, que se puede jugar en casa del Fabril dejando metros y metros a la espalda. Si se hace bien, evidentemente. Lo hizo a la perfección durante algo más de una hora, con un nivel de exigencia agotador. Con 0-2 y el partido prácticamente sentenciado, la gasolina visitante se consumió, Beceiro estalló e hizo estallar y salvó un punto para un equipo que solo fue mejor en el último cuarto de hora.
Atrevido, que no temerario, el Cerceda se propuso asfixiar al Fabril en cualquier parcela del campo. Con un delantero (Herbert y Dani) para cada central (Rober y Stefan) y un ‘todocampista’ como Granada, que realizó un derroche físico sensacional, el equipo de Lemos sintonizó al resto de jugadores en la onda del agobio al Fabril. El Cerceda salió con el mismo equipo que una semana antes contra el Villalbés. Calcado.
El filial jugó con un característico 1-4-3-3. El jovencísimo central Quique Fornos fue el lateral derecho. Rober y Stefan ocuparon la parcela central de la línea defensiva. Aarón jugó en el habitual lateral izquierdo. Por delante del pivote (Sidibé), dos centrocampistas eficaces, prácticos, serios: Adrián y Ángel. Como jugadores más avanzados, un extremo derecho (Óscar) y dos falsos puntas (Cañi y Romay; este último partiendo desde la izquierda y dejando todo el carril para Aarón). El portero volvió a ser un David que sigue sin dar seguridad en las salidas. El del Cerceda, Diego, tampoco tuvo su tarde con los pies.
Totalmente anulado (probablemente sorprendido) en el primer tiempo, al Fabril no le quedó otra que jugar en largo. El Cerceda tapó todas las líneas de pase cercanas al esférico y, no solo eso, también apretó al poseedor del balón. En definitiva, ni combinación en corto ni conducción. Un auténtico agobio. Un par de acciones individuales de Cañi (con más bicicletas que sensación de peligro) cuando cayó a la banda izquierda y alguna genialidad de Romay cuando recibía entre líneas fueron las únicas señales de los primeros cuarenta y cinco minutos de que el Fabril también estaba en el campo para atacar. Óscar, el extremo derecho, echó de menos un delantero o, al menos, alguien que pisase área para darle sentido y finalidad a sus acciones en banda.
El Cerceda intentó salir combinando desde su área pero cuando no pudo no se lo tomó como un revés. César y Granada lo ganaron prácticamente todo en el juego aéreo. A partir de ahí, a tocar. Como la madre al hijo cuando llega tarde para cenar o como el profesor al alumno cuando se porta mal en clase, Lemos echó la bronca de la tarde a Cano. Y reaccionó, vaya si reaccionó. Pese a que en los primeros minutos tras el grito se le vio nervioso, el pichichi de Tercera aprovechó la primera ocasión clara que tuvo para hacer el 0-1. Con muchas (demasiadas) facilidades, controló y acomodó el balón cerca del borde del área para conectar un derechazo potente, ajustado al palo. Premio. Descanso.
Herbert, el futbolista libre del Cerceda en ataque, cayó a la derecha en la primera parte y se gustó. En la segunda, se tumbó a la izquierda y descompuso a Quique. Detiene el balón y el tiempo se para. Todo se congela a su alrededor hasta que decide romper el hielo con cambios de ritmo de vértigo. En ese tipo de acciones es imparable. Lástima para los suyos que un centro perfecto de rosca no encontrase rematador por centímetros y que un disparo raso cruzado desde la frontal le sirviese a David para hacer la mejor parada de la tarde.
Cano se toma en serio lo de prolongar su racha goleadora y cuando aún no se había cumplido una hora de partido anotó el 0-2. En esta ocasión, a balón parado. Golpeó, a la altura del pico del área, con el interior de su pie derecho. El balón dio un bote mortífero antes de entrar en la portería de un desafortunado David.
Previo al saque de centro, Devesa dio entrada a Dani Iglesias e Iago Beceiro. Salieron Adrián y Óscar. Media hora por delante. ¿Generó dudas al Cerceda el 0-2? ¿Seguir apretando con el combustible cerca de la reserva o replegar los últimos minutos para intentar sellar el partido y los tres puntos? Tras quince minutos en el purgatorio, el Fabril pasó a llevar el control. Fue un solo cuarto de hora, pero le bastó. Le bastó el talento y el desparpajo de Beceiro, que dio el 1-2 y marcó el 2-2. Jacobo Lazcano, interior izquierdo por delante de Juan, no fue útil para anular a un Beceiro tan anárquico en ocasiones como brillante y determinante en otras.

revolución
En el 1-2, ante un Cerceda ya sin gasolina, Beceiro rompió a Juan, llegó a la línea de fondo y puso el balón donde debía para que Dani Iglesias, desapercibido hasta entonces, empujase en boca de gol. En el 2-2, con el Cerceda ya fundido y desajustado defensivamente en las basculaciones, el balón llegó de derecha a izquierda con un centro de Ángel que Remeseiro debió marcar ante Diego. El portero visitante tiró de reflejos pero dejó el balón muerto en el área pequeña. Más vivo que los defensas del Cerceda, Beceiro fusiló e hizo estallar la grada de Abegondo. Minuto 86. Un castigo severo para un Cerceda que incluso pudo perder en unos descontrolados últimos cinco minutos. Sucedió en El Mundo del Fútbol, donde se vieron cosas de valientes con energía y cosas de valientes agotados.

El talento contrarresta la valentía