Los centros de día afrontan el futuro con incertidumbre y preocupación por el deterioro de usuarios

Los centros de día coruñeses permanecen cerrados | patricia g. fraga
|

Los centros de día de A Coruña y su área metropolitana llevan cerrados desde el pasado 7 de agosto y no saben cuándo podrán reabrir sus puertas a causa del incremento de casos de Covid-19 en el área sanitaria. Todos coinciden en la incertidumbre y en la falta de respuestas por parte de la Consellería de Política Social ante esta situación. “No vemos mucha salida ahora mismo. Las familias están desesperadas, sobre todo porque no saben cómo podrán conciliar a partir de septiembre, cuando empiecen las clases de los colegios y las guarderías”, sostiene la coordinadora de A Coruña de la Plataforma Gallega de Centros de Día, Olga Pedre.  

Desde la plataforma destacan, además, que Galicia es el único territorio donde los centros de día no son considerados servicio esencial, algo que contrasta con su labor destinada a la mejora de la salud y el bienestar de las personas mayores y con algún tipo de discapacidad. “Después de meses cerrados, retomamos la actividad el 15 de julio y para ello desde la Xunta se nos pidió realizar un plan de reactivación para poder garantizar el servicio y valorar a todos los usuarios de nuevo tras el confinamiento”, comenta Pedre. Fue entonces cuando observaron el empeoramiento de la mayoría de las personas según los niveles cognitivos y de sus capacidades. 

Desde los casi sesenta centros de día coruñeses afectados demandan, por lo tanto, la reapertura de las instalaciones basándose, además, en que “en Galicia no ha habido ni un solo fallecido en un centro de día por coronavirus y tan solo hubo un contagio en un centro de As Neves que, a día de hoy, está abierto”. El miércoles mantuvieron una reunión con representantes de Política Social pero, tal y como asegura Pedre, “no nos avanzaron una posibilidad de reapertura”.

Perfil dependiente
En el centro de día Mimos, en Culleredo, los trabajadores y la dirección mantienen un constante contacto con los usuarios, pero la sensación de incertidumbre es la misma. “Nos cogió por sorpresa el cierre, tanto a nosotros como a las familias”, reconoce la terapeuta María Moreno. Así, en las tres semanas que las instalaciones permanecieron abiertas, el perfil que volvió tras el confinamiento fue “puramente dependiente, un factor que en los próximos meses hace inviable la conciliación en las familias afectadas”, relata.

Al consultar a la consellería sobre el futuro más próximo, desde Mimos dicen que “todo dependerá de la evolución epidemiológica, porque si la cosa va a peor, se va a retrasar todavía más la reapertura”, considera. Mientras no se fija una fecha de reapertura, la Xunta prometió estudiar nuevas ayudas para gastos fijos de los centros cerrados y la atención a las personas mayores que actualmente están sin ese servicio.

Sin embargo, el colectivo las ve “insuficientes” porque “no aportan soluciones a los problemas de los usuarios y sus familias en el ámbito de la conciliación y dejan fuera a muchas personas”.

Los centros de día afrontan el futuro con incertidumbre y preocupación por el deterioro de usuarios