“No puedes plantearte llegar a la Diputación como un destino final, sino como otro paso más”

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El Ideal Gallego-2011-07-17-008-347f1057diego calvo  presidente de la diputación

Cuando ayudaba a colocar las sillas de los mítines del PP hace 18 años, a Diego Calvo (San Sadurniño, 1975) ni se le pasaba por la cabeza que acabaría siendo presidente de la Diputación. Pero el terreno de la provincia no es nuevo para él. El ferrolano llega al cargo después de dos años recorriéndose los 94 ayuntamientos de A Coruña para responder de las actuaciones de la Xunta como delegado provincial del Gobierno gallego. A sus 36 años –al personal de Alférez Provisional no le ha pasado inadvertida su juventud y su “buena planta”–, Calvo aspira a modernizar una institución que muchos ponen en duda, y a convertir la administración en la mejor aliada de los municipios. Todo ello, en clave de austeridad.

entrevista de patricia g. lema

Desde su toma de posesión el martes, Calvo no ha parado de recibir visitas en su despacho. Incluso hay algún alcalde que ya ha llamado para pedirle un favor. El popular tiene poco margen de maniobra. Los presupuestos de este año están cerrados. Pese a ello, está dispuesto a trabajar desde el primer día para que la Diputación deje de ser considerada como una administración que “solo da subvenciones”.
—Cuando inició su carrera política hace 18 años, ¿se veía algún día como presidente de la Diputación?
—Hace 18 años ni de coña. Pensabas en ayudar o en ver a qué mítines podías ir y participar en su montaje. Y pensaba en pasármelo bien porque disfrutaba mucho con los compañeros de esa época, pero nada más. Esas cosas ni se me pasaban por la cabeza.
—A nivel de partido, ¿el camino a la presidencia fue fácil o se encontró con más obstáculos de las esperados?
—Una vez surgió la posibilidad de que yo pudiese ser el presidente no encontré más que apoyo y ánimo. Me imagino que habría otra gente a la que también le gustaría estar, pero esto al final es un proceso, fuimos elegidos 17 para estar aquí y entre esos 17 la propuesta fue unánime.
—¿Habló con el presidente saliente, Salvador Fernández Moreda, sobre el estado de la administración?
—Hablé el pasado lunes, primero de cómo iba a ser el acto del martes, y después de lo que quería organizar y cómo quería hacerlo. Me dijo como estaba la Diputación e intercambiamos opiniones muy amablemente, pero no profundizamos en nada.
—¿Cómo valora el trabajo realizado por el socialista a lo largo de los últimos ocho años?
—Lo más importante de los mandatos anteriores fue el clima de consenso que hubo entre el grupo de gobierno y la oposición, y en el que fueron importantes las dos partes: la predisposición del equipo de gobierno, la cual le agradezco al anterior presidente, pero también la del equipo de la oposición.
—Lleva menos de una semana en el cargo, ¿qué es lo que se encontró hasta el momento?
—La experiencia es muy cortita. Los primeros días son para preguntar cómo estaba organizado, y para adaptarlo todo un poco a la forma de trabajar de los que estamos ahora. Lo más destacable es que ves que el ambiente es bueno, que la predisposición de la gente también es muy buena y eso te da muchos ánimos para empezar a todo tren.
—¿Cuáles son los asuntos más urgentes a tratar?
—El PP ve a la Diputación muy necesaria y como una administración que tiene mucho que decir en el día a día de los concellos. Durante estos dos años como delegado llegaba a los ayuntamientos y veía que todos tienen problemas. La Diputación es la institución que más les puede ayudar. Por eso creo que hay que sentarse con los concellos, y ver cuáles son sus necesidades más imperiosas. Pero, sobre todo, hay que empezar a hablar con ellos de que ésta es una crisis profunda que estamos atravesando todos, y que cada uno tiene que empezar a hacer su propio examen interior. La situación ha cambiado, nos tenemos que reestructurar, y habrá cosas que tengamos que seguir haciendo y otras que no.
—¿Y qué cosas no se podrán seguir haciendo?
—No puede ser que un concello te venga a pedir una ayuda porque económicamente no puede seguir adelante, que dentro de seis meses pida una segunda y que dentro de un año solicite otra más, sin que, al mismo tiempo, se haga nada para enmendar su situación.  
—¿Entre los fallos que quiere evitar está el acabar con esa “duplicidad” de administraciones de la que hablaba en su discurso de toma de posesión?
—No tiene sentido que las mismas funciones las esté haciendo al el concello, la Diputación y la Xunta. Hay que sentarse y organizar bien qué es lo que va a hacer cada administración en cada caso, e intentar atajar o segmentar.
—Muchas de las críticas a la entidad vienen en ese sentido, ¿necesita la Diputación un cambio estructural para encontrar su sitio?
—Más que cambio estructural, lo que hay que hacer es establecer cuáles son las prioridades de cada administración. Durante este mes y pico que he estado en Ferrol como concejal he visto como hay dos oficinas de turismo a 150 metros la una de la otra. Eso no tiene sentido. En momentos de crisis hay que gastar solo el dinero en lo que haya que gastarlo, y que lo gaste una administración sola.
—Se marcó como objetivo demostrar la necesidad de las diputaciones frente a los que piden su desaparición. ¿Qué le parece que el portavoz del BNG asegurase tras el pleno de investidura que espera que ésta sea la última corporación?  
—El mensaje de que no les gustan las diputaciones lo he oído hace 20 años por parte de gente del Bloque. Lo que es raro es que, diciendo eso, participen en los gobiernos de la Diputación. O, más bien, la incongruencia quizá viene después del hecho de que mientras estuvieron gobernando no dieran ningún paso hacia su reformulación. Pero espero que estos cuatro años sirvan para que al menos os alcaldes del BNG consideren que la Diputación es una buena aliada como administración, que tiene su función y que, por tanto, no va a desaparecer.
—Del trabajo que tiene por delante, ¿cuánto es lavado de imagen?
—Eso es algo que tendremos que hacer todos los días, pero no solo ahora, sino también en el futuro los que vengan detrás. El papel de la Diputación no es solo cuestión de dinero, sino de apoyo, de estar en todos los sitios en los que puedas estar para ayudar a conseguir mayor presencia pública. Es un aspecto que vamos a fomentar, pero es un trabajo que no va a tener fin.
—Habla de “los que vengan detrás”. ¿Ve la Diputación como una estación de paso?
—No, al revés. Esos días me decían “aquí te puedes jubilar”, pero eso no es así. Entrar en la Diputación no es hacerte fijo en una empresa porque cada cuatro años tienes que someterte a las urnas. Y además, el cargo no es una elección directa, sino que depende de muchos ayuntamientos. Por lo tanto puede que lo hayas hecho fenomenal, pero puede que no repitas mandato. No puedes plantearte llegar a la Diputación como un destino final, sino como otro paso más, a lo mejor, al reingreso en la vida profesional.
—¿Se ha asomado ya a la caja?
—Aún no. La veremos este mes, pero casi hay que empezar a hablar de los presupuestos del año que viene porque, desgraciadamente, a la altura del año a la que estamos, poco margen de maniobra vamos a tener.


El Ideal Gallego-2011-07-17-008-347e3c5b“Hay alcaldes que rechazan ayudas porque no pueden cofinanciar las obras”

Tras dos años mediando entre la Xunta y los alcaldes de la provincia, Calvo asegura que muchos municipios, independientemente del color político, están teniendo problemas para atender las necesidades de sus vecinos. Por eso apuesta porque los 97 ayuntamientos –quizá demasiados, según su opinión– empiecen a prestar servicios conjuntos, y poder caminar así hacia una estructura organizativa del territorio más ágil. El siguiente paso: la constitución de las áreas metropolitanas, un organismo en el que espera que las diputaciones jueguen un papel destacado, sobre todo a la hora de salvaguardar a los municipios más pequeños.
—Durante los dos años como delegado, ¿le dio tiempo de conocer los 94 ayuntamientos de la provincia?
—Sí, y eso es algo fundamental porque los 94 ayuntamientos son distintos. Creo que conozco bastante bien cuáles son las características de cada uno de ellos, aunque me queda mucho por aprender. Lo que sí sé, y traté de decir el otro día en el discurso de investidura, es que todos están sufriendo la crisis.
—¿Hay alguno al borde de la quiebra?
—Hay ayuntamientos que tienen unas cuentas en una situación compleja, y en muchos de ellos los alcaldes van a tener que tomar medidas serias para poder pasar estos años duros. Durante este tiempo me han llamado muchos alcaldes para renunciar a subvenciones que se le habían otorgado desde alguna consellería de la Xunta, en las que ellos tenían que cofinanciar, normalmente, el 20%, y que no podían hacerlo. Y eran alcaldes de todos los colores.
—¿Sobran ayuntamientos en la provincia?
—Sobran algunos y podían ser menos. Pero eso requiere primero  tenerlo claro. Y, segundo, requiere un camino que hay que empezar a andar, teniéndolo claro y hablando de ello sin rehuir nunca ese debate, pero va a llevar su tiempo y no va a ser un camino sencillo, por lo que en dos años no va a haber fusiones. Hay que empezar a pensar en ofrecer servicios conjuntos. Una opción podría se mancomunar. Y, ahí, si los ayuntamientos son capaces de hacerlo entre ellos, de crear una forma jurídica sin constituir una nueva administración, se podría encontrar el principio del camino.
—¿Qué papel jugaría la Diputación en ese proceso?
—Si los ayuntamientos no son capaces de hacerlo ellos solos, la Diputación estará ahí para asesorar, para participar o para lo que estimen oportuno. Porque lo que sí es cierto es que en este tipo de acciones no se puede hablar de imponer nada a ningún concello.
—En este sentido, ¿la Diputación puede llegar a ser el modelo en el que se engloben las áreas metropolitanas de la provincia?
—Creo que sí, pero iremos viendo como se va configurando cada área metropolitana y las peculiaridades que tiene cada una de ellas. Desde un punto de vista de redistribución dentro de la propia provincia, la Diputación sigue teniendo su sentido. Pero no puede ser que tengamos unas área metropolitanas de Coruña, Santiago y Ferrol que sean muy punteras, y otros municipios de la misma provincia tengan las necesidades básicas sin cubrir. Lo que hay que hacer es atenuar esas diferencias. Y en ese papel para reducir esas diferencias entre concellos y para estar un poco vigilante de que esas desigualdades no aumenten, la Diputación es el organismo perfecto.
—¿Como presidente de la entidad está dispuesto a entrar en el debate de las áreas cuando llegue el momento?
—No vamos a rehuir ningún tipo de debate. Entraremos en todos los debates en los que se nos pida, o en los que veamos que los intereses de la provincia están en juego. Y en el caso de las áreas metropolitanas, tenemos pendiente la reunión con el presidente de la Xunta en la que nosotros también intentaremos posicionarnos y decir cual va a ser nuestro papel. Y, sobre todo, queremos que se aclare entre todos el rol que van a jugar las diputaciones, y que se haga lo mismo en las cuatro. Vamos a formar parte de esos procesos, no vamos a mantenernos al margen como si no fuera con nosotros, eso no es de recibo.
—La Xunta, la Diputación y la mayoría de los ayuntamientos son del PP. ¿Políticamente es el mejor momento para abordar esta cuestión?
—En principio todos somos del mismo partido. Esperemos que eso facilite la llegada a acuerdos de este tipo. Hay un buen clima para entendernos, todos vamos en la misma dirección y tenemos las ideas más o menos coincidentes. Por tanto, creo que durante este mandato vamos a poder hacer avances importantes en este sentido.

el patrimonio provincial la inversión de la institución

“El ámbito cultural tiene que seguir teniendo un papel importante”

Si hay algo por lo que se ha caracterizado la Diputación durante los últimos años es por su apoyo decido a la cultura. Falta por ver qué dimensión le otorga ahora el PP.
—¿Diría que el ámbito cultural de la administración provincial ha estado sobredimensionado hasta ahora?
—En cada provincia, las diputaciones se han metido en proyectos distintos, supongo que por la problemática social que podría existir en un momento determinado. Antes estaban los hospitales y los colegios, que tenían su sentido hace 50 o 60 años cuando no había un sistema sanitario. Las necesidades van cambiando a lo largo de los años, y a lo mejor tenemos que plantearnos –esto no está debatido– el tener menos presencia en algún ámbito y empezar a tenerla en otro. Sí que es verdad que el ámbito cultural tiene un papel importante, y debería seguir teniendo un papel importante, pero veremos en cada caso cuantos pasos tenemos que dar adelante y cuantos atrás.
—¿Encaja el patrimonio de la Diputación con su discurso de austeridad?
—El patrimonio es importantísimo. Es fundamental conservarlo, pero cuando hay otras necesidades más básicas que atender es complicado el poder justificar que quieres rehabilitar determinado patrimonio que existe en un lugar. Pero haremos todo lo posible para que no se deteriore y para ponerlo en valor.

“No puedes plantearte llegar a la Diputación como un destino final, sino como otro paso más”