El imperio coruñés de las “marías” aguantó más tiempo que el de los “josés”

Los bautizos pasaron de José a Mateo y de María a Lucía javier alborés
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Si va usted en un autobús en A Coruña con otros 50 hombres, es probable que alguna de ellas –si no es usted mismo– se llame Manuel. Y si va en un tren con cien mujeres, casi seguro habrá una María. Es lo que reflejan los datos sobre nombres publicados por el Instituto Galego de Estatística. Según estos, en el término municipal coruñés hay un total de 4.900 “manueles” (19,91 por cada mil habitantes, es decir casi uno de cada 50), mientras que las “marías” llegan a 3.898 (15,84 por cada mil, es decir, una y media por cada cien). Con todo, las cosas no son lo que parecen y la mayoría de estas personas, al igual que ocurre con los “josés” y las “cármenes” peinan canas, ya que los gustos de los padres a la hora de poner nombres a sus hijos han dejado atrás la tradición y se han embarcado en nuevas modas. Con todo, las “marías” han aguantado más en el “top ten” que los “josés”.

Si nos remontamos más atrás de la década de los años 70 encontramos entre las denominaciones más usadas para los hombres de la comarca coruñesa dos claros favoritos, José y Manuel, así como su derivado, José Manuel. Ellos copan las dos primeras plazas entre los nombres más usados para bautizar a los niños en la zona desde antes de los años 30 hasta 1960.

Sin embargo, la década de los 70 marca el primer cambio. José Manuel se queda como único representante del pasado y por detrás empiezan a pujar fuerte las nuevas modas a la hora de llamar a los niños coruñeses.
Así, mientras que José y Manuel compartieron el pódium de bautizos con Antonio hasta la década de los 40; José Manuel irrumpió para sumarse en los 50 y José Antonio en los 60, ya en los 70 apareció con fuerza (en la segunda plaza) un nombre que diez años antes no estaba ni entre los veinte primeros: David.

Empezaba una nueva época en la que la “clasificación” ya no estaba formada por los mismos nombres una y otra vez, sino que los gustos se mostraban mucho más aleatorios y pasajeros. De David, Pablo y Diego en los 80 pasamos a Mateo, Martín y Hugo en la década de los 2010.

La llegada de las nuevas leyes de normalización lingüística también abrieron la puerta a nombres de origen gallego, que se perciben en los primeros puestos a partir de los 90 con Brais y Iago primero y con Antón, Xoel y Roi completando la terna ya a partir de 2010.
El cambio resulta tan radical que entre la veintena de los nombres con los que bautizaron a los coruñeses en esta última década tan solo encontramos a Manuel como resistente y a Antón como fórmula galleguizada del tradicional Antonio.

Algo semejante ocurre con los nombres femeninos, aunque, en este caso las “marías” lograron aguantar mejor los envites. Así, este nombre aguantó en la primera plaza hasta los 70 (eso sí, combinado con Carmen en los 40 y 50 y con José en los 60), perdió el trono contra Mónica en los 70 y lo recuperó en los 80 para caer a la sexta plaza en los 90,subir a la quinta en los 2000 y ya precipitarse fuera de los diez primeros a partir de 2010.

También es más resistente el bando tradicional femenino que el masculino, ya que tres de sus nombres se repiten en el listado de los veinte más usados antes de los años 30 y los de la segunda década del siglo XXI.

María, Carmen y Julia se mantienen vigentes frente al tirón de las que se llaman Lucía, Sara o Noa, mientras que la representación gallega hay que buscarla en el puesto 21 con Sabela y en el 29 con Uxía.

El imperio coruñés de las “marías” aguantó más tiempo que el de los “josés”