Cerca de 650 corredores participan en el parque de Bens en un desafío salpicado de espuma

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El tiempo no acompañó del todo, pero eso no se impidió que se celebrara una edición más del Desafío de Bomberos, en el que participaron 650 personas, 50 más que el año pasado. Desde la asociación de bomberos, que organiza el evento, consideraron como “buena” la asistencia. “Es una señal de que vamos por el buen camino”, comentó Rubén Prado. Todos acudieron para pasárselo bien o para  competir, aunque el entusiasmo de algunos sobrepasó los límites. Literalmente: los dos primeros corredores en cruzar la meta fueron descalificados después de que se saltaran parte del recorrido. 

Los descalificados pertenecían a la categoría élite, donde la competición se toma más en serio. La segunda categoría es la popular, donde los participantes buscan sobre todo divertirse, así que las normas que se siguen son algo más laxas. Dentro de esta se incluía también una modalidad por equipos “amiguetes que corren, se ayudan, se divierten”, como lo describió Prado. 

Novedades 
El circuito incluyó hasta 44 obstáculos y, como siempre, había varias novedades. “Obstáculos como paso por el río y nuevos muros de madera, para variar un poquito y que ningún corredor pueda tirar de lo que conoce del año pasado”, explica el bombero. Pero, sin duda, la novedad más impactante era la espuma: los corredores entraban en una tienda oscura para recibir, nada más salir al otro lado, una ducha de espuma en plena cara, para regocijo de los espectadores. 

Otro de las pruebas más celebradas fue la de natación: los participantes tenían que arrojarse al estanque central del parque y nadar hasta el centro, para luego saltar por encima de una banana de goma. Alguno se detuvo a la orilla, alegando que no sabía nadar, pero acabó lanzándose igualmente cuando se le dijo que se hacía pie y, además, había alguien en el agua para vigilar. 

Cuatro días de montaje 
Todo este montaje llevó hasta cuatro días. Algunos de los obstáculos de madera fueron construidos exprofeso por los bomberos, mientras que otros, como los andamios, fueron cedidos pero tuvieron que montarse en el mismo parque, también con gran trabajo. La salida del circuito, por ejemplo, estaba marcada con llamas, y obstáculos con fuego controlado marcaban los primeros metros del recorrido. Incluso una de las pruebas consistía en emplear una manguera. 

“El día es un poquito fresco, pero si no fuera por el viento, sería un día ideal para correr”, comentó Prado. Sobre todo, para los corredores empapados la temperatura podía ser demasiado fría, pero tuvieron tiempo de entrar en calor durante los más de 40 minutos que duraba el recorrido. 

Eso los de élite, porque la media de los de la modalidad popular superaban los cincuenta minutos. A las siete y media de la tarde se celebró la entrega de medallas y así concluyó la jornada hasta el año próximo. “Esperemos que lleguemos hasta los 700”, deseó Prado.

Cerca de 650 corredores participan en el parque de Bens en un desafío salpicado de espuma

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