El primer mes de confinamiento pasa del temor a la rutina diaria

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El sábado 14 de marzo el Consejo de Ministros se reunía de urgencia. Iban a decretar el estado de alarma por la pandemia del coronavirus. La población quedaría confinada en sus hogares y solo se permitiría la salida para trabajar o situaciones de emergencia y compras esenciales. Hace un mes que el mundo cambió y A Coruña también.

Treinta días después, los coruñeses se han acostumbrado a la nueva rutina, marcada por ver gran parte de la vida desde una ventana, llevar mascarilla y guantes al salir a la calle, ir al supermercado a hacer grandes compras, acudir a las plazas de abastos pero en su versión de reparto a domicilio o teletrabajar.

Han sido treinta días de continua adaptación y que pasaron del desconcierto y el temor inicial a la organización de la vida basada en la nueva situación provocada por el Covid-19.

Así, si cuando se inició el confinamiento los coruñeses –como el resto de españoles– se lanzaron a los supermercados y acabaron con las existencias de muchos productos –la fiebre del papel higiénico dejó imágenes de un desabastecimiento que era fruto del ímpetu comprador diario y no de una carencia real de las superficies y supermercados–, mientras que treinta días después los coruñeses ya saben que pueden ir a hacer su compra semanal que tendrán los productos que necesitan en su tienda de confianza.

Allí también han aprendido a que hay que hacer cola para entrar y cumplir así los límites de aforo establecidos. También se cumple con la fila india bien separada en otros momentos de la vida diaria “post-estado de alarma”: para subir al autobús, para recibir una de las mascarillas que desde el lunes reparte el Gobierno en la calle, para ir a la panadería o para utilizar el ascensor del edificio, de uno en uno.

 

La cita de las ocho

La rutina impuesta por el coronavirus ya se hace notar también en el  aplauso de las ocho de la tarde dedicado a las personas que luchan en primera línea contra la expansión del Covid-19 y los que atienden a los pacientes afectados. Si los primeros días era un simple aplauso desde la ventana, con el paso de las jornadas se fueron incorporando música y cánticos. Si algunos edificios tienen a sus propios artistas que amenizan el momento de homenaje, en barrios como el de Pedralonga incluso están dando lugar a la creación de toda una playlist para el confinamiento: todo empezó con el “Resistiré” del Dúo Dinámico, siguió con “A tu lado” de Los Secretos, “Qué bonita la vida” de Dani Martín, “We are the world” de USA for Africa, “Viva la vida” de Coldplay, “Al compás de una muiñeira” de Pimpinela, “Miña terra galega” de Siniestro Total, “Maneras de vivir” de Rosendo, “I will survive” de Gloria Gaynor o, para no perder la retranca, el “Highway to hell” de los AC/DC.

Lo que empezó con incertidumbre y temor hace treinta días ya es algo normal, a la espera de que las medidas de confinamiento permitan que la normalidad vuelva a ser salir a la calle.

El primer mes de confinamiento pasa del temor a la rutina diaria