Reportaje | La historia del nacimiento del cuerpo municipal de bomberos de A Coruña

Parte de la plantilla de Cuerpo Municipal de Bomberos en el año 2017
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El 31 de marzo de 1835, en referencia a la Compañía de Seguros Mutuos de Incendios de la Coruña, el pleno municipal da cuenta de la aprobación del reglamento de dicha compañía, y manda se suscriba en ella las casas y edificios públicos.

Así se ponía la primera piedra para combatir de forma eficaz los incendios que ocurriesen en la propia ciudad coruñesa, para beneficio de todos y mitigar en lo posible los daños que el fuego causase al vecindario.

Se puede decir que el Cuerpo de Bomberos de A Coruña nace el 11 de marzo de 1836 al darse cuenta en el pleno municipal un oficio del Gobernador Civil, que indica que en fecha 7 del actual, traslada una Real orden en la que  Su Majestad la Reina Gobernadora aprueba las disposiciones tomadas con motivo del incendio ocurrido en esta capital y en el 6 de dicho mes. Esto sirvió para prevenir que el Ayuntamiento, promoviera el establecimiento de una Sociedad de Seguros contra incendios y la formación de alguna fuerza de Bomberos de la Guardia Nacional de la ciudad y en las principales poblaciones de la provincia.

En la sesión del 29 de julio, se da cuenta de un oficio de la Dirección de Seguros Mutuos, de la misma fecha, en el que incluye el Reglamento de la Compañía de Zapadores-Bomberos, destinada a apagar incendios, pasando a la comisión de la Guardia Nacional para que lo tenga presente en las operaciones que debe practicar con los últimamente alistados, y a la misma se le autoriza para reconocer e informar cuanto se les ofrezca acerca del propio Reglamento.

 

Falta de presupuesto

El 15 de febrero de 1837 se dio cuenta, por la comisión de Milicia Nacional, la lista de los individuos que debían formar la compañía de Zapadores-Bomberos, la cual estaría compuesta de 67 personas. Aunque no sería posible ponerla en marcha por los cuantiosos costos que suponía para las paupérrimas arcas municipales, de modo que el medio más eficaz para atajar el fuego nace en 1835 de la mano de la Sociedad de los Seguros Mutuos

En lo que se refiere a la bomba de incendios, el 12 de septiembre de 1836 se procede a la aprobación de la cuenta del cálculo de su armazón, la que se compone de dos pilastras con sus manivelas torneadas, además su piso clavado para en él asegurar el cañón de la bomba, herraje para dicho armazón y pintura, el cual ascendía, a 451 reales de vellón.

Dos años más tarde, el 30 de octubre de 1838, la Dirección de la Sociedad de Seguros Mutuos de Incendios de Casas de A Coruña, pone en conocimiento del Ayuntamiento, que dicha Asociación tiene las bombas y útiles necesarios para apagar los incendios de las casas aseguradas, formando un reglamento interino que envía a la municipalidad para que esta se sirva reconocerlo, el cual es aprobado por la corporación coruñesa el 20 de noviembre y para el 17 de agosto de 1841, Francisco del Adalid, informa al Municipio de haber llevado a cabo la formación de una “Sección de Bomberos”, tan útil como indispensable. Del Adalid decía sobre la misma: “Sin ella de poco o de nada servirán las bombas y más útiles de que se haya provisto el cuerpo”.  

 

Composición

El Ayuntamiento preveía formar una compañía de bomberos compuesta de 57 hombres y encargó su organización, en 1837, a la Milicia Nacional, pero al igual que aconteció en 1818, en que el proyecto también fracasó, habría que esperar a 1864, en que el Consistorio coruñés nombra a su arquitecto, Juan de Ciórraga, como encargado de organizar el Servicio Municipal de Bomberos, siguiendo la Sociedad de Seguros Mutuos, manteniendo su propio parque contra incendios. Desde esa fecha, ambos cuerpos se fueron coordinando y atendieron a sofocar de forma conjunta todos los incendios de la ciudad.

El Ayuntamiento recordaba a la población que, en caso de incendio, podían saberlo sus habitantes y conocer el punto que suceda, a fin de concurrir a prestar los auxilios necesarios a la autoridad en su extinción. Por ello, se dispuso reestablecer el toque de campanas que antiguamente se acostumbraba en tan desgraciados lances, de modo que con esta señal se conocía la situación del fuego.

Se tocaban tres campanadas cuando la casa incendiada pertenecía a la parroquia de Santiago; cuatro, cuando era la de Santa María; cinco, en San Jorge; y seis, la de San Nicolás. Así lo indicaba por medio de oficio el 10 de mayo de 1849, que se publicó en el BOP 56 del 14 del mismo mes.

 

Pruebas

Mientras tanto, el 23 de noviembre de 1874 el diario coruñés “El Telegrama”, recoge la siguiente noticia en sus páginas: “Ayer tarde tuvo lugar dentro del local de la fábrica de harinas la prueba de las tres nuevas bombas, llamadas “Apaga Fuegos”, invención del señor Bañolas, que hace pocos días fueron adquiridas por la Sociedad de Seguros Mutuos de esta capital. Son tres pequeños aparatos que tienen un émbolo o recipiente para contener una cantidad de líquido especial que combinado proporcionalmente con el agua da resultados prodigiosos”.

Este es el pasaje de la fundación del germen de lo que, hasta día de hoy, es el Cuerpo Municipal de Bomberos, el cual es requerido para todos los problemas que se le presentan a la sociedad coruñesa y que ésta no puede, o no tiene capacidad de resolverlos. Para todo ello está el experimentado Cuerpo de los Bomberos de la capital herculina.

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