Los vecinos denuncian que los coches vuelven a invadir la Ciudad Vieja

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Fue bonito mientras duró pero, como señala la presidenta de la asociación de vecinos, Rosa Quiroga, la imagen de una Ciudad Vieja con sus estrechas calles llenas de coches mal aparcados ha vuelto a convertirse en cotidiana. “Parece que se han relajado un poco las costumbres”, señaló. Lo mismo opinan los comerciantes. Y la razón se encuentra en la huelga de bolis caídos de la Policía Local, que ha provocado un descenso en el número de multas con el que se castigaba el mal estacionamiento como paso previo para la peatonalización de la Ciudad Vieja.
La campaña comenzó en agosto: los primeros días fueron más una toma de contacto que otra cosa y los agentes se limitaban a dejar avisos en los parabrisas. Pero en la segunda semana   se interpusieron 28 denuncias y se retiraron una media de 15 vehículos cada día. Durante los meses siguientes, la Policía Local  intensificó las tareas de vigilancia  hasta sancionar a una media de cinco conductores al día e incluso retirando algunos de los turismos que permanecían demasiado tiempo en la parte alta del casco antiguo. En el momento álgido de la campaña contra el estacionamiento, el servicio de retirada de vehículos de la grúa se lleva entre uno y dos todos los días al depósito municipal de O Martinete, aunque la cifra se duplicaba el fin de semana.
Pero a medida que los conductores eran sancionados y comprendían que los lugares que habían llegado a considerar su plaza particular se habían convertido en un coto prohibido, las cifras empezaron a disminuir. De manera que en los últimos meses apenas se habían puesto multas y las calles de la Ciudad Vieja estaban despejadas.

desde noviembre
Todo cambió hace unas semanas, después de que en noviembre los policías locales, que exigen al Ayuntamiento el dinero que éste les adeuda, decidieran multar solo lo imprescindible para asegurar la fluidez de la circulación.  Muy pronto, los conductores se dieron cuenta de ello. “Parece que si no es con multas, la gente no aprende, porque ya están otra vez”, se lamenta Quiroga.
 La presidenta de los vecinos de la Ciudad Vieja reconoce que no se ha llegado a los niveles de antes de agosto, “cuando aquí había vía libre”, pero los residentes en la zona han notado el empeoramiento que han sufrido sus calles. Esto supone un revés para los planes del gobierno local, que había proyectado una renovación del barrio histórico “abriéndolo al mar e integrándolo en el resto de A Coruña”, como dijo en su día el concejal de Urbanismo, Martín Fernández Prado, en referencia a las obras de O Parrote.
Se supone que la Concejalía de Movilidad, de la que es responsable Begoña Freire, debía afrontar próximamente la segunda fase de la peatonalización en la que invertirá 14,2 millones de euros. Freire pretendía regular el aparcamiento incluso en el perímetro exterior de la zona amurallada, como es el caso de los terrenos frente a la Hípica, para que estuviera lista al mismo tiempo que la peatonalización de La Marina. Algo que ahora parece mucho más difícil.

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