La influencia del ser humano en la migración de las cigüeñas es positiva

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Los cambios inducidos por el hombre en el comportamiento migratorio de las cigüeñas podrían ser beneficiosos para este tipo de especies, ya que al encontrar alimento en las ciudades, acortan su distancia de migración y esto reduce su gasto energético diario, lo que da lugar a una mayor supervivencia y también a una mejor reproducción.
Así lo pone de manifiesto un trabajo publicado en la revista científica “Science Advance” sobre los costes de las decisiones migratorias, que ha tenido en cuenta el estudio de ocho poblaciones de cigüeña blanca en Armenia, Grecia, Polonia, Rusia, España, Alemania, Túnez y Uzbekistán. En estos países se han marcado pollos con dispositivos GPS, lo que permite el seguimiento de forma continua de los movimientos de las cigüeñas a lo largo de los primeros cinco meses de su viaje migratorio.
El estudio concluye que las aves que siguen las rutas más tradicionales –principalmente las de Rusia, Polonia y España–tenían menos probabilidades de sobrevivir en comparación con las cigüeñas procedentes de Alemania, que invernaron en vertederos en lugar de migrar.
Asimismo, el trabajo destaca que los ejemplares jóvenes de cigüeña blanca nacidos en España, al compararlos con las demás poblaciones estudiadas, tienden a migrar a larga distancia en una alta proporción y que su mortalidad es la más elevada de todas las poblaciones estudiadas.
Estos resultados son similares a los obtenidos de un modo preliminar en el programa “Migra”, que se realiza con las cigüeñas blancas marcadas en España, en las que se observa como los jóvenes, en su mayoría, migran a larga distancia, mientras que los adultos tienden a invernar en España en vertederos y arrozales.
Según recuerda SEO/BirdLife, históricamente, las cigüeñas abandonaban las ciudades en verano y no volvían a aparecer hasta despuntar la primavera. De ahí el famoso refrán, que hoy ya no tiene sentido, de “Por San Blas [que se celebra el 3 de febrero], la cigüeña verás”. 
Sin embargo, actualmente estas aves acortan enormemente la distancia del viaje, regresan antes a sus nidos o simplemente permanecen en el área más próxima al lugar de nacimiento, debido a que encuentran comida en las ciudades, como sucede con los vertederos. 
“Para esta ave tan familiar y cercana al ser humano, la migración se ha convertido en un asunto, cuanto menos, prescindible en muchos casos”, indica la organización.
Precisamente por esta condición de especie que ha modificado en poco tiempo (unos tres decenios) su comportamiento migratorio, la cigüeña blanca (‘ciconia ciconia’) es el modelo ideal para que los ornitólogos puedan estudiar estos cambios fenológicos relacionados con el cambio en la disponibilidad de alimento, según SEO/BirdLife.
De este modo, las cigüeñas blancas forman parte de una lista cada vez mayor de especies migratorias que han acortado las distancias de migración o se han convertido en residentes con motivo del cambio ambiental inducido por el hombre.
Para la organización, estos cambios inducidos por el hombre podrían ser beneficiosos, pero los cambios en la migración también podrían afectar negativamente a los ecosistemas en los que las especies migratorias juegan un papel importante, ya que sirven como agentes de control de plagas, polinizadores o como una parte fundamental en la dinámica de las enfermedades infecciosas complejas.

La influencia del ser humano en la migración de las cigüeñas es positiva