Las quedadas clandestinas de fanáticos del motor se afianzan en la periferia

Amantes de vehículos como Honda o Renault se dan cita en este aparcamiento | patricia g. fraga
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“A gasolina ten que ir ben barata”. Esa es la conclusión que saca una vecina de Vío al escuchar las aceleraciones a las que someten sus coches los participantes a la quedada de aficionados al motor que se reúnen allí aprovechando que el polígono industrial está en desuso. Cada viernes, varias docenas de vehículos se dan cita en un aparcamiento donde presumen de sus coches trucados y los más acelerados se dedican a hacer trompos, desafiarse a cortas carreras en las que los neumáticos chirrían, alertando a los vecinos de lo que está ocurriendo.
Los aficionados al motor se citan prácticamente cada viernes normalmente al caer la noche, aunque entre las diez y las once es cuando se concentra la animación. “Yo los oigo desde las ocho de la tarde”, asegura la jubilada, que mantiene que, a pesar del sonidos de los derrapes y de los motores acelerados, no le resulta excesivamente molesto. Pero no todo el mundo es de su misma opinión: el mes pasado, patrullas de la Policía Local actuaron contra esta concentración, y realizaron varios registros. Uno de los presentes resultó detenido después de que se le descubriera en posesión de anfetaminas.
Sanciones del 092
A pesar de lo que pueda parecer, rara vez es sancionado nadie por conducción temeraria, puesto que en cuanto aparecen las luces de los coches patrulla, cesan los acelerones. “Lo que solemos hacer es revisar sus vehículos, porque muchas veces los modifican pero luego no han pasado la ITV”, señala un agente de la Policía Local. Algunas de las modificaciones más habituales que instalan estos forofos del motor son: aumento de ancho de vía, bajada de vías, y aumentar el ancho de las ruedas. No haber pasado la ITV después de realizar las modificaciones puede suponer cientos de euros, sobre todo si el conductor además ha consumido alcohol y drogas, como ha veces ha detectado la Policía Local.
Sin embargo, los que acuden a este evento lo defienden como una diversión sana. “Yo, por ejemplo, tengo el coche homologado. Y como yo, la gente que conozco”, asegura un habitual que estuvo presente durante la redada, durante la cual, el 092 bloqueó el acceso al polígono.
A 30 kilómetros a la redonda
La misma fuente señal que la mayor parte de los que acuden al aparcamiento quieren sobre todo, mostrar las modificaciones que han realizado en sus vehículos y charlar con personas que comparten su afición. Normalmente, se citan a través de las redes sociales, y raro es el fin de semana que no llegan a los treinta vehículos. Provienen no solo de A Coruña, sino también de otros municipios cercanos como Cerceda, hasta un radio de unos veinte o treinta kilómetros, pero también del vecino poblado gitano de As Rañas.
Pero, por mucho que la mayor parte de la gente pretenda pasar un buen rato disfrutando de una afición compartida, siempre hay alguien que quiere poner a prueba su vehículo. “Si hay gente que se calienta o que viene a hacer el imbécil, pero si pasa algo no choca con nadie”, apunta esta misma fuente. Para él, los ocasionales casos de consumo de alcohol y drogas no son distintos de los cualquier otra parte de la ciudad, y los acelerones, tampoco: “Hay gente que va a toda la velocidad por Alfonso Molina”.
Por otro lado, los amantes de estas quedadas no ilegales, pero llenas de irregularidades, aseguran que no hay que criminalizarlas, aunque pueda haber casos de conducción temeraria. Curiosamente, en 2017, la Consellería de Infraestructuras celebró allí un curso de conducción segura.

Las quedadas clandestinas de fanáticos del motor se afianzan en la periferia