La “vergüenza” del distrito Picasso

acosta animã³ durante horas a los manifestantes javier alborã©s
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El megáfono de Nicanor Acosta, un portavoz veterano de la plataforma cívica congregada ante el portal de Aurelia Rey, se mantuvo encendido hasta que la comisión judicial anunció, por segunda vez en la jornada, su decisión de aplazar su desalojo, a eso de las tres y media de la tarde. De él salían las arengas a las decenas de personas que llegaron a interponerse entre la Policía y la entrada al edificio de Padre Feijoo, el apoyo a los bomberos objetores y también los reproches a las fuerzas de seguridad.

“Estais siendo cobardes”, bramaba por momentos el aparato. Pero los agentes no necesitaban agudizar el oído para conocer el estado de ánimo de los congregados, unas doscientas personas, entre amigos de la octogenaria, vecinos, curiosos, representantes políticos y miembros y simpatizantes de Stop Desahucios, porque todos los coreaban intermitentemente. Lo que por momentos era un runrún se convertía en clamor ante cualquier movimiento de la Policía, al grito de “vergüenza, vergüenza”.

El eco llegaba amplificado desde más allá de los cordones de seguridad que acotaban la calle e impedían el paso a más ciudadanos disconformes con la actuación policial y se dejaba oír, a media voz, frente al portal de Aurelia, donde sus allegados permanecían como retén desde las ocho de la mañana.

“Esta es la vergüenza del distrito Picasso”, censuraba una residente en la misma calle, y una amiga de la anciana se apresuraba a asentir: “Vergonzoso es que haya tanta Policía para echar a una señora de 85 años, una pobre señora desamparada. Con dos agentes y buenas formas, se arreglaba”.

 

"utilizaron a la prensa"

Vergüenza, la que sintieron también los pocos que todavía permanecían frente al portal a las dos de la tarde, cuando volvían a dar la voz de alarma ante la reaparición de cinco furgones policiales, después de tenerse noticia de que el lanzamiento había sido suspendido.

“O Tribunal Superior de Xustiza avisou de que o desafiuzamento estaba aprazado”, le recriminaba Xosé Manuel Carril a los agentes. En efecto, así se lo había trasladado a los medios, sin tener conocimiento de que el Servicio Común de Notificaciones había fijado un nuevo señalamiento para esa misma mañana. Para cuando el alto tribunal gallego confirmó el nuevo intento de desalojo ya los policías intentaban cortar las cadenas que protegían la entrada al edificio, con la comisión judicial presente.

“Utilizaron a la prensa, utilizaron a la prensa”, protestaron quienes habían acudido a apoyar a la octogenaria, los mismos que, minutos después, aplaudían y vitoreaban a los bomberos que rechazaban prestar apoyo al desalojo de la anciana. Para esa hora, el megáfono ya casi había agotado sus pilas.

 

La “vergüenza” del distrito Picasso