Enrique Tenreiro | “Para bien o para mal, mi vida ya ha merecido la pena”

El artista posa delante de la paloma de Picasso de la plaza de Pontevedra | patricia g. fraga
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A las misivas por escrito, se suman cientos de llamadas de anónimos que le amenazan de muerte y le llaman de todo. Por eso, entre televisión y radio, captura pantallazos con el móvil por si fuera necesario. Aún así, Tenreiro lo tiene claro: “Seré consecuente hasta el final, aunque espero que todo se acabe pronto” porque lleva sin dormir desde que pintó la paloma roja y se siente alterado.
Jamás pensó que su acción levantaría tanta polémica: “Es fliplante, me dicen que a mi abuelo ya lo dejé atrás” por el arquitecto Antonio Tenreiro, pero eso era lo último que quería. Su intención, insiste, no era otra que los españoles se quiten las trincheras, “que voten a quien quieran, pero que no se alíen a un partido por su abuelo” porque al final, “es un país de radicales, de gente programada” que se mueve por el pasado. Tenreiro sintió entonces que tenía la capacidad moral y, por qué no, la locura de poder llevar ese mensaje, “de amémonos unos a otros” sobre la tumba del dictador. No podía ser en otras coordenadas.
Una acción de causa mayor
Para Enrique, sus esculturas son prioritarias. Las performances “las inventé para poder mandar mensajes, seré un poco alocado o ingenuo, pero tengo ideas y como no voy a coger un altavoz...”, hace lo que puede y en todo caso, sus intervenciones “son para llamar la atención”.
La que protagonizó el miércoles por “causa mayor”, solo podía ser allí, dice, y aún así, había muchas posibilidades de que se truncase, “que no me dejasen entrar con la pintura”. Sin embargo, “todo salió redondo”. El trabajo que realizó el fotoperiodista Pedro Armestre fue “bestial”. De ahí, que Tenreiro la considere como su obra definitiva. Después de esta, no habrá otra que la supere y por eso, volverá a trabajar la madera, a policromarla y a ponerle latidos con la paleta.
Solo espera que todo a su alrededor se vaya calmando porque “me va a dar un yuyu”. De una parte de la familia no sabe nada, solo dos hermanos lo apoyan y la tensión emocional es muy grande; “hay que ser valiente”, señala, porque “vida solo hay una y yo he decidido ser artista”. Atrás queda un currículo de acciones que muchas veces salieron mal. Tenreiro lo asume, pero nunca desistió. Esta vez la llevó a cabo en el momento exacto y en el sitio preciso y “ahora no me voy a esconder” porque el mensaje ha llegado y lo único que desea es no salir mal parado.
En cuanto a la pena a la que se puede enfrentar por un supuesto delito de daños, no hay novedades, aunque “con lo que me estoy jugando ahora, pasar un mes en la cárcel sería lo de menos, “casi seguro que me tratarían bien”.
Porque este país no es franquista, opina. Reconoce que pudo herir a una pequeña parte de gente, pero en ningún caso menospreció al ferrolano, “solo usé la paloma de Picasso” y se fue hasta su lápida porque de no hacerlo, “no saldría en ‘The New York Times’”.
Mientras lo cuenta, su teléfono sigue sonando. El antiguo lo tuvo que apagar, era imposible silenciarlo: “Si lo enciendo pumba pumba”. No quiere darle importancia a los insultos que le prodigan porque “ahora quiero vivir tranquilo”. Solo sabe que “para bien o para mal mi vida ya ha merecido la pena”. En su decisión de ser artista, indica, se corren estos peligros. Lo acepta y va con todo. Siempre lo hizo. Su paloma ya está borrada, pero su acción quedará para siempre. l

Enrique Tenreiro | “Para bien o para mal, mi vida ya ha merecido la pena”