El Archivo de Bellas Artes que no llegó a ser

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La idea de crear un Museo Provincial de Bellas Artes, parte de Antonio Palacios, Fernando Álvarez de Sotomayor y de Francisco Llorens en 1917. El Ayuntamiento mostró un gran interés y el alcalde Manuel Casás Fernández quedó encargado de realizar cuantas gestiones fuesen necesarias para hacerlo realidad, aunque no llegó a alcanzar aquellos magnos deseos.
Cuando el presidente de la Academia de Bellas Artes, Marqués de San Martín, ve en aquella encomiable labor de lograr el más idóneo lugar prometido por el Consistorio para su instalación, el 14 de abril de 1918 envía una carta al municipio a fin de reactivar aquel delicado sueño y lograr sus anhelos. En los años siguientes, la Academia se centra en el esfuerzo de lograr la cesión del antiguo convento de San Agustín, donde había estado hasta 1918 el ayuntamiento, siendo en 1924 aprobado el proyecto para la instalación del Museo Provincial en aquel antiguo caserón. En 1927 se inicia la instalación de la sede del museo en aquel antiguo convento de los agustinos, eligiendo al arquitecto Rafael González Villar como presidente de la Real Academia coruñesa.

mercado
En medio de todo este proyecto se cruzan los intereses municipales, ya que el alcalde Manuel Casás Fernández tiene previsto abrir un nuevo mercado de abastos en la plazoleta de San Agustín, a espaldas de la iglesia; por lo que el edificio del antiguo convento impide la apertura de la vía que permitía acceder al mercado.
Precisamente, en 1927 se le encarga a Leoncio Bescansa el proyecto del mercado de San Agustín. Pese a esta contingencia, la Academia toma posesión del edificio en julio de aquel año y un mes después la Hacienda pública, propietaria del inmueble, accediendo a las pretensiones del municipio autoriza el derribo del antiguo caserón, que se lleva a efecto a comienzos de 1928.
A lo largo de 1929 se llevan a cabo las gestiones para urbanizar el solar donde se hallaba el convento de los agustinos a fin de ordenar el entorno de la plaza de San Jorge, urbanizando la actual plaza de San Martín, para dar acceso al nuevo mercado que se estaba construyendo y entablando negociaciones para la futura ubicación de la sede del Museo de Bellas Artes, así como la instalación del Archivo Histórico Regional de Galicia, que por aquel entonces se hallaba depositado y en régimen de abandono en los sótanos de la Capitanía General y pendiente de su posible evacuación al Archivo General de Simancas.
Por su parte, el presidente de la Real Academia, Rafael González Villar, ultima el proyecto que comprendía el edificio de Bellas Artes, sede de la Real Academia y Archivo Histórico de Galicia, además de la urbanización de la plaza del Marqués de San Martín. El estudio comprendía memoria, proyecto y planos de urbanización, así como las plantas que componía el edificio. De modo que en la planta sótano se pretendía la instalación del Archivo Histórico de Galicia y la baja y primera se destinarían a dependencias del Museo de Bellas Artes.
Se trataba de uno de los proyectos más ambiciosos del momento, que pudo haber cambiado la fisonomía de La Coruña, al igual que otras propuestas que no vieron a luz, hoy estaríamos hablando de una ciudad muy diferente a lo que tenemos a nuestro alcance. Aquel proyecto suponía realizar la expropiación y posterior demolición de las edificaciones que había en aquel lugar, todas ellas detrás del antiguo convento de los agustinos, situando en dicho punto el edificio destinado a archivo y museo. 
Entre la nueva edificación y la Iglesia de San Jorge, se abría una nueva vía que se comunicaría con el mercado de San Agustín, así se lograba la unión directa entre este y la plaza de María Pita.

estructura
La fachada de la Iglesia de San Jorge y el edificio del museo, se comunicaban entre sí, por medio de una puerta monumental de tres vanos, siendo el central el que unía San Agustín, con la plaza de María Pita. Su configuración era similar a un arco del triunfo en arte Deco. Con este interesante proyecto se lograba la unión de ambas calzadas, al tiempo de crear un recinto global, en el cual la plaza del Marqués de San Martín delimitaba ambos espacios cultural y religioso, convirtiendo el entorno en un gran atractivo visual, sobre todo debido a la altura del torreón principal del edificio del museo, que igualaba a las torres de la iglesia para una mayor retrospectiva de ambas edificaciones.
Contenía el museo una base perimetral que regularizaba las diferencias de nivel del terreno en los diferentes cuerpos de fachada, el cual se configuraba en una planta sótano, destinada al archivo, sobre cuya estructura se alzaba el edificio de dos plantas, la fachada principal presentaba una asimetría que dejaba patente la estructura de una planta baja resuelta por una especie de lienzo mural con estrechos vanos verticales, situando la puerta principal en la mitad de la fachada que daba a la plaza del Marqués de San Martín y dividiendo dicha fachada en dos cuerpos, el de la derecha avanzaba hacia la plaza, creando un pequeño pabellón de una sola altura. La parte superior del edificio quedaba coronada por una especie de machones imitando a amplios pináculos, mientras que en el torreón principal se incluían pequeños vanos con balcón.
La puerta que hacía la unión entre la iglesia de San Jorge y el propio museo se sostenía mediante dos robustos fustes a forma de columnas una especie de peineta decorada cor ornamentación arquitectónica; el conjunto sería adornado con diversas esculturas alegóricas. 
Como consecuencia de la orden emitida por la Junta de Archivos, Bibliotecas y Museos, sugiere este organismo que a consecuencia del incumplimiento municipal de los compromisos contraídos con Bellas Artes, es conveniente el traslado del Archivo documental existente en la Capitanía General a Santiago, de modo que en el mes de julio de 1930, el alcalde coruñés Maximiliano Asúnsolo Linares Rivas, convoca un pleno para tratar de solucionar el espinoso asunto. El resultado se traduce en la sesión del 3 de octubre de dicho año, en que el Municipio daba vía libre a la ejecución del proyecto ideado por Rafael González Villar, presentando este arquitecto el definitivo de la urbanización de la plaza del Marqués de San Martín, el cual mantenía casi las mismas características del anteproyecto elaborado en septiembre de 1929.

fin del proyecto
Los problemas devenidos en el tiempo dejarían relegado este proyecto de forma definitiva, ya que el Ayuntamiento en 1931, reconoce estar más interesado en la construcción del mercado de San Agustín, cuyas obras serán dirigidas los arquitectos Santiago Rey Pedreira y Antonio Tenreiro. 
Así, la sede del Museo de Bellas Artes queda en suspenso y con la posibilidad de que ocupase un espacio en alguno de los edificios emblemáticos de la ciudad, como bien podía ser el dejado por la Real Audiencia en la Capitanía General. Pero las circunstancias hacen trasladar en 1936 el Archivo del Reino a los sótanos del recién abierto Palacio de Justicia, en la plaza de Galicia, manteniéndose en aquel lugar hasta el mes de septiembre de 1955 en que se inaugura el nuevo edificio levantado para Archivo del Reino, en el Jardín de San Carlos, obra de Antonio Tenreiro. Se daba así por zanjado definitivamente el histórico proyecto de Rafael González Villar de levantar un monumental edificio para Archivo y Museo de Bellas Artes en la plaza de San Martín.

El Archivo de Bellas Artes que no llegó a ser