Pucho Boedo recibe homenajes 30 años después de su muerte

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El tiempo vuela y los recuerdos permanecen y actualizan vivencias desde la nostalgia.  Han pasado cerca de 56 años de mi primer encuentro, cara a cara, con Pucho Boedo, al que ya conocía de verlo y bailarlo formando parte de Los Tamara, en verbenas y salas de fiestas como el Seijal, en San Pedro de Nos. Una noche de cabaret, en la sala de fiestas Casablanca, Madrid, donde estudiaba, “sellé” un pacto de amistad con Pucho que se mantuvo hasta su muerte el 26 de enero de 1986, a la edad de 57 años, hace 30. 
Una amistad enquistada en el paso del tiempo con encuentros esporádicos, que afloró  cuando, ya como profesional de la radio y prensa musical, la compañía de discos Marfer contactó conmigo en 1974 para presentar el disco  “Miña Galicia Verde” –con poemas musicados de  Rosalía, Curros y Celso Emilio Ferreiro. Año y medio más tarde, aproximadamente, Pepe Domingo Castaño rinde homenaje a Los Tamara durante las fiestas de Santiaguiño do Monte en Padrón y dada la amistad que me unía con ellos, me tocó hacerle entrega del obsequio recordatorio correspondiente a Pucho. Fue esa noche cuando empezó a sentirse mal. 
En 1976 deja Los Tamara por padecer problemas renales y se fue a Palma de Mallorca con su amigo  actuando, entre  sesión y sesión de diálisis, en un local de Palma propiedad de su gran amigo, el “betanceiro” Amador ex jugador del Atlético de Madrid y embajador de Galicia en Mallorca que, en 1979, me visita para proponerme un proyecto de homenaje a Pucho. Me cuenta su delicada situación, y no solo física, derivada de su enfermedad, que mermaba ostensiblemente sus capacidades. 
La posibilidad de un trasplante se abría como la solución más beneficiosa para su salud. Sin dudarlo, pongo a disposición de Amador los medios a mi alcance –prensa y radio– para promocionar el homenaje y acepto presentarlo con Carlos Tena de Radio Nacional, al que se unieron  Juan Pardo, Rocío Durcal, Betty Missiego, Los Tamara y Los Satélites, entre otros.

cita multitudinaria
Desde toda Galicia y proximidades llegaron miles de personas al Pabellón de Deportes y los admiradores de Pucho Boedo hicieron cola para conseguir entradas para el homenaje al cantante. El festival, celebrado el 5 de febrero, fue apoteósico, histórico diría yo, y todo un reconstituyente moral para Pucho: “Nunca pensei que tivera tantos amigos”, exclamaba Pucho emocionado ante las muestras de cariño de la gente al salir al escenario. Meses después, recibo la visita de un coruñés que era presidente de una Sociedad Gallega en Londres y me explica su idea de repetir el homenaje a Pucho Boedo en esta ciudad, a la vez que solicitaba mi colaboración. 
Me ofrecí para tal menester y con la misma se formó una embajada artística al que se uniría al homenaje la numerosa colectividad gallega en Londres. Allí nos fuimos, Pedro Abelenda  –que hizo de guía por la ciudad londinense–, Carlos O’Xestal y Suso Vaamonde, entre otros, mientras Amador y Pucho volaron desde Mallorca. Con las entradas agotadas días antes, alguno pagó hasta 20.000 pesetas para estar en el Odeón Hamermiths de Londres junto a Boedo. El tributo duró nueve horas hasta que, con puntualidad británica, a las doce de la noche, cortaron la luz. Con las luces de emergencia Pucho sale al escenario para decir adiós. La gente se desborda y todo el mundo quiere llegar hasta él, gritando “¡Te queremos!”, “¡Pucho non morras!”,” ¡Eres o mellor!”. Esos homenajes fueron para Pucho una “transfusión de de vida” y volvió a cantar, grabó un disco, y acudió a posteriores homenajes en los que se le rendía pleitesía popular. 
Su última aparición pública fue en una gala de fin de año de la Televisión de Galicia en 1985, cantando su canción favorita “O vello e o sapo”. Pocos días después fallecía. Dejaba este mundo llevándose el cariño de la gente, ese cariño que 30 años más tarde sigue vivo en el recuerdo de “Puchiño Vermello” y que la música y los monumentos que se erigieron como homenaje a su figura, acrecientan su leyenda conviviendo con las nuevas generaciones. Y no son solo palabras  que se pueden llevar  los “airiños, airiños aires” que el canto, fraseo “mordiéndolas” y soltándolas a golpe de corazón, generando emociones  que permanecen en el sentir de muchos miles de gallegos.

Pucho Boedo recibe homenajes 30 años después de su muerte