Quebrantan una orden de alejamiento por verse obligados a dormir en Padre Rubinos

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El Ideal Gallego-2011-05-17-011-fa4d2738m. pérez > a coruña
  Desde que se vieron, fuera de la sala, ambos procesados se dedicaron varios insultos y acusaciones en voz baja. Tenían que sentarse en el banquillo como imputados por quebrantar una orden de alejamiento que, en su día, los dos solicitaron y cuyo incumplimiento puede llevarlos a ingresar en prisión durante ocho meses. Los hechos que los conducían al juzgado ocurrieron a principios de este mes, delante del Refugio de Padre Rubinos, en Labañou, donde la pareja se vio envuelta en una pelea. Pero la clave del litigio entre la Fiscalía y las defensas la dio el abogado de él, quien apuntó que el que si se dejó e cumplir la orden fue sólo por “un grave problema social”. Recordó que aunque ninguno de los dos quisiera verse, ambos duermen prácticamente todas las noches en la sede de la institución benéfica y por tanto no tienen más remedio que encontrarse. Están empadronados allí y, tal y como recordó el letrado, “es o Padre Rubinos o la calle”.
Si se atiende a la versión de la acusación pública, aquel día fue ella la primera en hablar, aunque no la única. Le pidió al que había sido su compañero un abrigo –que al parecer le había pertenecido anteriormente–, porque, según explicó éste, “dijo que tenía frío por las noches”. Él se lo devolvió, pero respondiendo con malos modos –“le escupió y me lo tiró”, lamentó ella–. Entonces comenzaron a increparse mutuamente y, en un momento, se pasó de las palabras a las manos. Antes de que la cosa pasase a mayores, otro de los usuarios del centro trató de interponerse entre ellos, a lo que el imputado respondió agrediéndolo –siempre según la versión del fiscal y del propio testigo– y sacando un cuchillo para amedrentarlo. No le provocó ninguna lesión grave, sólo una contusión en la mandíbula, por lo que no tuvo que acudir al médico. El mismo testigo que quiso separarlos, testificó que más que por una prenda de ropa, el inicio de la pelea tuvo que ver con que él “se celaba” de que ella pudiese estar con otros hombres. Al terminar, a pesar de prestar testimonio en su contra y –tal y como relató– haber recibido varios puñetazos del imputado en la trifulca de hacía sólo un par de semanas, se marchó de la sala con él, manteniendo una conversación distendida.
La defensa sostuvo su argumentación en el hecho de que “no existen otras instituciones benéficas donde dormir en la ciudad” aparte de la de Padre Rubinos, pero aún así, el acusado prometió ir a dormir a una pensión, que ya había buscado. Antes de salir y después de que la mujer fuese expulsada de la sala por no dejar de murmurar mientras declaraba su expareja, dedicó al hombre un consejo en forma de despedida: “Búscate una mujer que te quiera”.

Quebrantan una orden de alejamiento por verse obligados a dormir en Padre Rubinos