Las mujeres fuertes de Paula Rego

Copia de El Ideal Gallego-2014-04-11-013-4d3d74f3
|

Las mujeres de Paula Rego tienen una fuerte expresión. No son amables y guardan. Retienen el misterio y la situación que les ha tocado en una sociedad que la pintora denuncia a golpe de lápiz y pasteles. Dice que así no pierde el contacto con el papel, que no puede ser más sincero en una muestra, la del MAC, que revela su trayectoria. Desconocida para muchos, porque la que nació en Lisboa pero se trasladó a Londres para crear, comenzó a asomar la patita en España a raíz de una exposición en el museo Reina Sofía en 2007.
Ahí muchos descubrieron su dureza. Una dureza que Paula fue limando con los años. La retrospectiva “Fábulas reales” no deja de ser un relato de su carrera, que comienza con bocetos de animales que trazó en los 70 cuando utilizaba sus rasgos agresivos para plasmar comportamientos humanos. Y gritar en contra de imposiciones. Así es como representa el adulterio y la violación a través de razas salvajes que le ayudan a perpetuar aún más el horror en una evolución que en los 80 se vuelve más amable.
En esta etapa, lleva a lo plástico las óperas que engullía de la mano de su padre para pasar poco a poco a la figuración. En piezas noventeras que destacan por el color porque, de alguna forma, el arte le servía de escape cuando su marido Victor Willing se deterioraba con los años y el peso de su enfermedad. Procedentes la mayoría de la Casa das Historias, la colección es su vida. Contada como un drama.
En su pequeña historia, Paula Rego no utiliza modelos desconocidos. Las mujeres que aparecen en sus cuadros son la enfermera de su esposo, Lila Nunes, y sus dos hijas. Incluso en su ausencia viste a maniquíes que ella misma fabrica con las ropas de su abuela. Guardadas al igual que todo lo que se trajo en la maleta de Lisboa.
Decía la comisaria María Toral que el primer equipaje que plantó en Inglaterra junto a la morriña puebla los rincones de su estudio. Es testigo de su trayectoria. Que no termina nunca, porque no hay día que Rego deje de lado el lienzo. A sus 80 años, utiliza sus composiciones como gritos. Lo hizo hace unos años cuando en Portugal se ilegalizó el aborto. Entonces, sus cuadros se llenaron de mujeres realizando prácticas clandestinas dejando claro que la prohibición no les impediría abortar. Aunque sí, en las condiciones que todas se merecen.
Si algo se pretende confirmar con la muestra, explicaba la experta, es que Paula cree que con su arte puede cambiar el mundo. En la última sala, se concentran sus pilares. Son tres cuadros. En uno tumba a la vieja república, que aparece en el chasis. En el del medio, “El hada azul y Pinocho”, están los niños, otro colectivo al que defiende, y los adultos. Es una composición que en un primer momento enternece y que después, inquieta. En el tercero, una mujer aborta en silencio. Para los fetichistas, la muestra enseña un cuadro, “El criado” (1994), por primera vez al mundo. Igual de inquietante que el resto. Donde un sirviente le echa café a una señora. Detrás, cortinas y en primer plano, un crustáceo partido a la mitad.
Al contrario que la mayor parte de los creadores, Paula Rego es con el paso del tiempo más figurativa. Quizás por eso de ser más fiel a lo que ve. Y que después traslada. Sus obras gritan ablación, violencia, abuso de poder... Salen de las vísceras.

Las mujeres fuertes de Paula Rego