Halloween se convierte en la fiesta a la que nadie se atreve a “dar calabazas”

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A Coruña fue truco y también trato porque la fiebre Halloween se respiró en barrios como Monte Alto, donde los negocios se sumaron a la fiesta con actividades y descuentos, pero también en centros comerciales. María Pita fue el punto de partida de una procesión, la de la Santa Compaña, que hizo peregrinar a distintos grupos escolares al Palacio de los Deportes para premiar, una vez cruzaron la meta, a los mejores disfrazados y al escaparate más original. La marcha organizada por el Ayuntamiento fue el broche final a una semana en la que se trató de fomentar el pequeño comercio con la visita a los locales que se vistieron de Halloween. 
La cita compitió en número con la que promovió el festival FKM que, como es tradición, retó a todos los zombis de la parroquia para que fueran arrastrando los pies hasta el Obelisco. Los niños cocinaron con un estilo siniestro en Afundación. Salieron a bailar en El Corte Inglés, donde se convirtieron en criaturas inquietantes a golpe de pinturas y complementos y se pusieron gorros de bruja, los que fabricaron con sus propias manos en Los Rosales. 
En Riazor, la fiesta terminó con un magosto en un intento de aunar viejas costumbres y fiestas importadas. Y si en Marineda City, los más nostálgicos revivieron uno de los mejores videoclips de la historia, “Thriller” de Michael Jackson, en Cuatro Caminos se elaboraron lapiceros en forma de murciélagos. Todo rebozado de muchos sustos y ganas de pasárselo bien.

Halloween se convierte en la fiesta a la que nadie se atreve a “dar calabazas”