“Siempre he pensado que con la música es suficiente para llegar”

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ara malikian
músico

Como un descubridor del siglo XXI, el armenio Ara Malikian no ha dejado de anotar ritmos en su cuaderno de viajes, desde cuando era un niño y estudiaba violín en refugios antiaéreos en Líbano hasta que llegó a dominar las grandes obras y se fue a por raíces para no dejar nunca de aprender.

entrevista de m.g.m.

Del viaje que realizaron los cíngaros por el mundo y que les sirvió para meter en la maleta ritmos árabes y flamencos e incluso del Este, Ara Malikian dará buena cuenta mañana, a las 21.00, en el Rosalía, para dar paso el sábado, a las 19.00, a relatar con su violín un cuento de su país donde las cosas pequeñas son, en realidad, grandes si se miran con microscopio. El virtuoso no utilizará más decorado que un banco para subir a Armenia al escenario porque la música es suficiente para llegar y mientras los adultos saldrán pensando en qué trastero tienen guardado el aparato que no pasa de largo ante las minucias, los pequeños le devolverán a Malikian la corriente necesaria para que sus pelos se sigan alterando. También llamada “energía”.
—Viene a la ciudad con dos espectáculos distintos pero basados los dos en la fusión de estilos y pueblos.
—Son distintos pero parecidos. En el espectáculo familiar del sábado nos vamos hasta Armenia para enseñar las músicas de otros sitios y desprender amor hacia ellas. Así es como construimos un cuento. Después está el concierto de mañana, donde realizamos el viaje que emprendieron los cíngaros, que lo comenzaron en India y siguieron por los países árabes y los del Este hasta llegar a España y crear una música nueva, que es el resultado de la aportación de muchos pueblos. Con este mestizaje se construyó también el flamenco.
—¿Y cómo conecta el flamenco con todo ese mosaico de músicas?
—Porque es precisamente la mezcla de muchas músicas con la identidad de una como la española. Por eso es fácil. Siempre se habla del purismo del flamenco y me parece absurdo porque el estilo es rico en vivencias y habla de todos los sitios por los que ha pasado.
—Ara Malikian comienza a girar después de llenar el Teatro Calderón de Madrid durante dos meses.
—Es una alegría llenar un espectáculo donde la música clásica es la protagonista cuando generalmente se cree que está hecha para un público especializado. Me gusta porque se confirma que puede llegar a cualquiera. Lo único necesario es perder toda la seriedad y el miedo a no entenderla.
—Sus espectáculos no dejan de ser el resultado de toda una vida investigando sobre las raíces musicales de los pueblos, a veces, en condiciones nada fáciles.
—Llevo haciéndolo durante toda mi vida y es lo único seguro que sé hacer y lo comparto con el público. Solo sé que con esto soy feliz.
—Además de sus creaciones, una parte importante de su trayectoria se basa en las colaboraciones que van desde ponerle música a un montaje de Yllana hasta participar en un disco de Extremoduro. Supongo que en esto consiste el aprendizaje.
—Por supuesto, para un músico es lo más valioso. El hecho de que otras gentes te puedan hacer descubrir culturas. Yo lo necesito y si no lo hago, si no descubro, siento como que estoy perdiendo la ilusión. Si no aprendo algo nuevo, me aburro.
—¿Cómo se respira Armenia en “Historia de un hombre feliz”?
—Con algunas de sus músicas más folclóricas y representantivas.
—Y los niños se meten en el para descubrir que las pequeñas cosas son, en realidad, grandes.
—Sí, cuando tocamos para los niños, no cambiamos nuestra actitud, lo hacemos igual que con los mayores porque ellos lo aprecian de la misma manera. Ni son seres inferiores ni son tontos. Son igual de listos que los grandes y para mi, la parte que dedico de mis espectáculos a los más pequeños es muy importante.
—¿Qué es lo que le aportan desde su butaca?
—Transmiten una energía de sinceridad. Con ellos sabes lo que has hecho bien o mal porque no se cortan en decir que no les ha gustado. Aprendo mucho y no me canso de tocar para ellos.
—¿Cómo es la puesta en escena del cuento armenio del sábado?
—La escenografía es muy sencilla. Solo tenemos un banco y luego están los instrumentos. Nosotros jugamos con ellos y cada uno hace de un personaje aunque la protagonista es siempre la música.
—¿Emplea algún instrumento poco conocido o de Armenia?
—Somos un violín, una viola, una guitarra y un contrabajo.
—¿Difícil situar al espectador en un país tan solo a través de su música, no?
—En el espectáculo no utilizamos ningún decorado. Siempre he pensado que con la música es suficiente para llegar. Nos entregamos con todo el cuerpo para transmitir toda esa energía.


“Siempre he pensado que con la música es suficiente para llegar”