El miedo a que el botellón acabe en su calle dispara las llamadas de los vecinos

Policías locales tendiendo la cinta en Méndez Núñez durante la noche del sábado | patricia g. fraga
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El Ayuntamiento considera un éxito los primeros días de implantación de su particular “Ley Seca”: están convencidos de que el botellón de los jardines de Méndez Núñez ha llegado a su fin y los policías locales se muestran confiados en que podrán evitar que se reproduzca la gran fiesta alcohólica por antonomasia en cualquier lugar por la ciudad. De lo que no están seguros es de poder impedir que se formen “microbotellones”, y tampoco los vecinos las tienen todas consigo: durante el fin de semana, la sala del 092 recibió numerosas llamadas alertando de la presencia de jóvenes pertrechados de bolsas de plástico, provenientes de vecinos que temían que su calle acogiera un nuevo botellón.

El sentir popular es que los jóvenes no van a renunciar a su diversión alcohólica, así que la visión de solo dos de ellos con una bolsa bastaba para que el testigo descolgara el teléfono y llamara al 092. Fue en respuesta a dichas llamadas que los agentes municipales tuvieron que acudir a puntos muy distintos de la ciudad, como la Maestranza, A Gaiteira, la plaza de Juan Naya o la de Santa Catalina. Esta última es una Zona de Especial Protección (ZEP) desde hace cerca de doce años, como los jardines de Méndez Núñez lo son desde el jueves pasado, tras su publicación en el BOP.

Conatos abortados

En todos los casos, una patrulla de la Policía Local acudió puntualmente y después de unas palabras con los jóvenes, estos abandonaron el lugar pacíficamente. Los propios agentes destacan el comportamiento colaborador de los aficionados al botellón, que en ningún momento protestaron por la presión a la que se veían sometidos por parte de las autoridades. Estos abortaron conatos en la plaza de Lugo y en la de Vigo.

Cierto es que estos fueron anulados antes de que consiguieran reunirse más de un puñado de jóvenes así que, después de un fin de semana muy tranquilo es normal que la Policía Local comience a pensar que son capaces de acabar con el botellón. En ese sentido, señalan que este objetivo se ha conseguido en otras ciudades, como Santiago, de fuerte tradición universitaria, donde el ocio nocturno ha abandonado los parques y plazas de las que se había apoderado. “Es en realidad una cuestión de si existe una verdadera voluntad política”, apuntan.

Es algo de lo que carecieron siempre el Gobierno del Carlos Negreira y el de Xulio Ferreiro, que se dieron por satisfechos con mantener a los jóvenes lejos de los vecinos, y aceptando que ensuciaran los emblemáticos jardines como un mal menor. Por el contrario, la alcaldesa, Inés Rey, consideraba que las imágenes de la fuente, los caminos y los parterres llenos de bolsas de plástico y de botellas eran “terribles” y debían cesar.

Puntos de riesgo

Eso es lo que parece haber ocurrido, pero es pronto para cantar victoria. De momento, gracias a las horas extra, se mantendrá el dispositivo policial extraordinario durante las noches de fin de semana, especialmente los jueves y los sábados, los días tradicionales del botellón. Existen varios puntos de alto riesgo que los policías locales mantendrán vigilados de forma permanente, como el Paseo de los Puentes o la calle Vista, porque allí es probable que se formen botellones, aunque sean de pequeño tamaño. Por el contrario, no existe constancia de ninguna actividad en la zona de Riazor.

Los policías locales admiten que todavía no han impuesto todavía ninguna multa, aunque están convencidos de que, tarde o temprano llegarán, ya sea por infringir la normativa en una ZEP o simplemente por perturbar el descanso de los vecinos en cualquier otro punto de la ciudad.

El miedo a que el botellón acabe en su calle dispara las llamadas de los vecinos