El 092 dejará de precintar Méndez Núñez las noches de botellón tras un mes prohibido

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El dispositivo antibotellón superó lo que iba a ser su prueba de fuego: la noche del lunes al martes de Carnaval. Los policías locales acudieron puntuales a la cita a los jardines de Méndez Núñez, donde volvieron a cerrar los accesos con cinta policial, pero no hubo ningún intento por parte de jóvenes disfrazados de saltarse el precinto. Ya ha transcurrido más de un mes desde que se declararon los jardines Zona de Especial Protección (ZEP) y el Ayuntamiento está tan satisfecho por cómo van las cosas que este jueves no piensan instalar la cinta, convencidos como están de que el botellón de Méndez Núez es cosa del pasado.

No todo el mundo está tan satisfecho. A escasos metros, cuatro jóvenes estaban agazapados detrás de una columna en el túnel de la plaza de Lugo, y uno de ellos vestía de novia y dejaba bien claro  que aquel no era el día más feliz de su vida. “Esto es una gran mierda”, repetía, entre trago y trago, ante la aprobación de sus amigos, uno de ellos vestido de sacerdote. La no muy pudorosa novia explicó el motivo de su resentimiento: “Llevo desde los 17 años yendo a Méndez Núñez y estábamos bien allí”. “No molestábamos a nadie y de allí podían ir directos a la discoteca”, terció el cura. Aunque reconocen que “no era bonito” como dejaban el parque, lleno de basura  

Entre el público se encontraba gente que había traído sus propias botellas

Reconocen que ya han recibido advertencias de la Policía Local. Sin embargo, se resisten a abandonar esta costumbre. “No van a conseguir acabar con el botellón”, proclama uno. Los hechos no le dan la razón: este tipo de fiesta ha sido erradicada de ciudades como Santiago, y por el momento, la Policía Local no ha encontrado mucha resistencia por parte de los jóvenes despistados que deambulan con sus bolsas repletas de alcohol.

Sin multas

De hecho, los propios agentes municipales coruñeses aseguran que no han tenido que imponer una sola multa a los universitarios que descubren en cualquier rincón de la ciudad, sino que basta con que les adviertan de que no pueden estar en un lugar publico bebiendo y les avisen de que pueden sancionarles con una multa mínima de 750 euros para que se marchen.

 Más problemático es descubrir dónde se instalan los juerguistas, porque utilizan cualquier rincón. Ayer fue descubierto un grupo en el pasadizo que une la avenida de Manuel Murguía con la de La Habana, junto al estado de Riazor, y les advirtieron de que les podían multar por perturbar la convivencia, a pesar de la falta de vecinos.

En todo caso, no existe ninguna normativa que impida beber en la vía pública a un adulto, pero los policías locales se acogen a las ordenanzas de convivencia para presionarles, puesto que un grupo de gente bebiendo siempre genera ruido, que puede molestar a los vecinos. Si los hubiere.

En Betanzos

El hecho de que en la noche del sábado se registrara un repunte histórico en la afluencia del botellón en Betanzos, con cientos de jóvenes ocupando el paseo de A Tolerancia, parece que indica que fueron muchos los coruñeses los que decidieron desplazarse hasta allí para eludir la vigilancia policial. Esto explicaría por qué los autobuses que partieron ayer hacia la ciudad herculina a las 08.00 y 08.30 horas iban llenos, lo que obligó a muchos viajeros a guardar cola en la a plaza de los hermanos García Naveira. 

El 092 dejará de precintar Méndez Núñez las noches de botellón tras un mes prohibido