El crimen más insólito del último siglo

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primer centenario policía científica

La ciencia lleva 100 años al servicio de la Policía
y, para conmemorarlo, la Jefatura Superior celebra durante estos días la recreación de un protocolo de actuación en la recogida de pruebas de un crimen. Hoy será el turno de los componentes de la judicatura, como fiscales, médicos forenses o secretarios judiciales, mientras que mañana acudirán a Lonzas los profesores de las facultades de Derecho y Ciencias y el jueves, agentes de la Policía Local. Desde la recogida de pruebas a su examen en cada una de las secciones de laboratorio de la Comisaría, la Policía mostró ayer por qué su rigor ha hecho de las evidencias científicas unas pruebas irrefutables en las salas de vistas de los tribunales.

Reportaje de abel peña

El inspector Garrido observó con curiosidad profesional el agujero chamuscado en la sien del maniquí. “Un disparo a cañón tocante”, dictaminó. Vicente Riveiro se encargó de explicar qué implicaba ese tiro: “Cuando le hagan la autopsia descubrirán un gran estallido de la bóveda craneal. Nada más corten la piel, se caerá el cerebro”. La explicación del jefe de la Brigada Provincial de la Policía Científica es cruda y exacta. Dos inspectores, uno de ellos experto en balística e incendios y el otro en propiedad intelectual, evolucionaron alrededor de la mesa del despacho, sacando fotos, colocando letreros al lado de cada prueba: casquillos, una pistola automática y una nota amenazadora sobre el escritorio (“Eres un cabrón y un estafador Me las vas a pagar, hijo de puta”), una caja de caudales abierta...
Con esta peculiar escenificación de un crimen, como si fuera el Cluedo a escala 1x1, se celebraba en la Comisaría de Lonzas el primer siglo de la Policía Científica Española. El nombre del oficioso difunto nunca fue revelado, así que podría ser el del popular juego, el doctor Lemon. Da igual: lo importante en este, como en cualquier otro juego, es que existen reglas: un procedimiento para seguir paso a paso.
Y el primer paso es acotar la escena del crimen y enfundarse en monos bancos desde la cabeza a los pies, para asegurarse de no “contaminar” nada. Lo segundo, fotos, muchas fotos: “Hay que hacerlas desde las cuatro direcciones, tanto generales como de detalle”. Después es el turno de las evidencias biológicas, que son las que más fácilmente se estropean. Hay colillas en el cenicero y sangre en una bala que ha rebotado en una columna. Todos van a parar a sobres de papel y cada vez que se recoge un aporte nuevo, hay que cambiarse de guantes.
Hasta las manos del cadáver serán enfundadas en papel para que se pueda averiguar qué lleva bajo las uñas. Además, será identificado por sus huellas, para que conste su identidad. El arma tiene su propio ceremonial porque primero hay que cogerla, poner el seguro, quitar el cargador, mover la corredera y luego, guardarla. Su destino es la sección de balística. El portátil hallado al lado del teléfono irá a informática forense. La nota amenazadora ya va camino de documentoscopia.
El pobre doctor Lemon, convertido en una prueba más, tendrá que someterse también al escrutinio de los científicos del CNP., pero siempre le quedará el consuelo de saber que está en las mejores manos. El jefe superior de la  Policía Nacional en Galicia, Luis García Mañá recordó que los laboratorios coruñeses, que llevan funcionando desde 2008, “acaban de pasar, y con nota, los controles de calidad de este año”.

Resuelto > Todo el proceso de recogida de pruebas puede durar uno o varios días. “Y hay un período de reflexión, en el que lo examinamos todo antes de que se limpie”, dice Garrido. Es un juego que exige concentración, pero los agentes lo hacen con dedicación y hasta con gusto. “Algún pagaría por estar aquí”, asegura Riveiro, antes de desvelar lo sucedido: “Trátase dun asunto de débedas. O acreedor deste home e mais el tiveron unha liorta, os dous dispararónse. A víctima só feriu ao seu asesiño nun hombreiro, pero o outro deulle de cheo no peito. Logo o rematou dun tiro na testa e colleu todo o diñeiro que puido”.
Pero, ¿el asesino fue el doctor Mandarino, el señor Pizarro, el marqués de Marina? Los 18 hombres y mujeres de la Policía Científica de A Coruña lo saben, pero en este caso también hay un procedimiento. “Primeiro tense que informar a autoridade xudicial. Hai datos que si podemos notificar, pero aínda así preferimos non facelo” dice Riveiro. Las reglas.


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