Riazor vive en plena angustia

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Con la de ayer se cumplieron siete jornadas sin ganar (desde la primera) aunque cuatro sin perder, dato que no amortigua la caída en barrena del Deportivo en el inicio liguero. El equipo no levanta cabeza. No sale del pozo y lo que tiene por delante en seis días no es ‘de coña’, Girona y Almería, de manera consecutiva.

Anquela hizo los cambios obligados en ataque por las bajas blanquiazules y dio entrada a Borja Valle como punta de lanza del cuadro deportivista. Era lo esperado en la previa del partido. Se enfrentaban dos equipos en zona descenso, dos planteles que han recibido muchos goles y ambos llegaban con urgencias a este envite. Más el Depor, evidentemente, ‘por ser vos quien sois’.

En los primeros minutos el fútbol brilló por su ausencia. El  Mirandés comenzó el choque sin complejos y dispuso del primer córner del envite sin que se hubiera cumplido el primer minuto. Después de esta jugada, centrocampismo, imprecisiones y ninguna idea para para atacar a los ‘jabatos’ de Miranda de Ebro.

A los once de juego, el colegiado consultaba con el VAR por unas presuntas manos de uno de los zagueros visitantes en el área. Era una acción que recordaba a la de David Simón ante el Albacete, pero en esta ocasión el colegiado no señalaba la pena máxima a favor de los deportivistas.

Superado el cuarto de hora, el Deportivo no mostraba signos de saber romper las trincheras rivales y los castellanos se hacían fuertes en su planteamiento y en sus convicciones. Líneas juntas, balones a los costados y ninguna vergüenza a la hora de atacar la meta herculina.

ROTOS
Los mejores jugadores se equivocaban en acciones sencillas

Rompió el tedio Borja Valle con un disparo desde media distancia a los 23 minutos pero la acción era invalidada por fuera de juego. De haber sido una jugada correcta hubiese significado el primer disparo a puerta del Depor en el partido. Pero no. Por el momento no aparecía ningún argumento en la vanguardia gallega. La sensación era, como en otras citas de Riazor, que se estaba perdiendo demasiado tiempo sin hacer algo más que mover la pelota con poco sentido. Segundos más tarde Álex Bergantiños remataba después de una triangulación forzada, pero efectiva, y el esférico se marchaba a la grada de Pabellón.

A los 28 minutos Lampropoulos perdía la pelota, o más bien, se la entregaba a De Sousa, que ensayaba desde la frontal del área, salvando Dani Giménez el 0-1. En lugar de crecer, parecía que el Deportivo se estancaba. De hecho, superada la media hora cedía un nuevo córner mientras que Anquela se desgañitaba en la banda ante el cúmulo de despropósitos blanquiazules, sobre todo en lo que a pérdidas de balón o pases mal realizados se refería.

Y es que, jugadores como el griego, en distancia corta –cuando se supone que hay más facilidad–; tipos como Gaku, en acciones en las que el primer pase hace salir al equipo hacia el campo rival; Borja Galán o Mollejo, hombres que no suelen equivocarse en acciones sencillas, se mostraban, como todo el equipo, completamente atenazados.

SIN RUMBO
Un equipo desnortado en un momento –histórico– que es más que grave

Lo mejor del primer tiempo llego al final. En el 43, Borja Valle disparaba a puerta haciendo intervenir al meta castellano, Limones, enviando la pelota a un córner que se sacaba sin consecuencias. Con empate sin goles, y sin fútbol, se llegaba al descanso de un ‘cansado’  Riazor.

Anquela dio entrada a Christian Santos, retirando del campo a Borja Galán, e intentó de esa manera tener más presencia ofensiva.

Pero los que tuvieron presencia fueron los jugadores del Mirandés. En una jugada rocambolesca, De Sousa recibía un balón rechazado entre el poste y Montero para anotar el 0-1 y hundir al plantel y a su afición, que empezaba a pitar, chillar y mostrar su enorme desencanto con el equipo. De hecho, desde una parte del campo se iniciaban cánticos contra el consejo y el director deportivo. Cinco minutos después Eneko Bóveda hacía la mejor galopada del partido, disparaba duro, y en el rechace marcaba Mollejo. El empate era un bálsamo absolutamente necesario y llegaba en el mejor momento para calmar nervios y ánimos.

De hecho, después de la igualada, aparecieron los mejores momentos del Depor, aunque nada del otro mundo. En el 59, con la jugada invalidada por falta previa –eso sí– llegaba un balón a la escuadra mirandesa. En el 72 el colegiado no acudía al VAR para revisar lo que parecía un claro penalti sobre Christian Santos. Aunque los coruñeses pedían la colaboración del vídeo, el árbitro no lo consideraba merecedor de revisión alguna.

AFICIÓN
Lanzó cánticos contra el consejo de administración y el director deportivo

El entrenador deportivista agotó los cambios intentando que el equipo atacase más y mejor, pero el partido estaba ya absolutamente roto para los locales, mientras que los visitantes se defendía bien, muy enteros, y su entrenador, Andoni Iraola, dejaba dos sustituciones para ‘matar’ el choque en los minutos finales.

Amén de esa ‘táctica’, cada falta sobre los burgaleses fue aprovechada para perder todos los segundos posibles. El modesto equipo rojinegro tenía muy cerca puntuar en el histórico Riazor y se empleó con todo para hacerlo. El crono arbitral cerró el choque con la afición de uñas, el equipo desnortado y sus dirigentes tapando los ojos para no mirar la evidencia de un momento –histórico– más que grave.

Riazor vive en plena angustia