El Supremo ratifica las condenas para las dos bandas de lancheros de la “Tabaiba”

GRA043 SAN FERNANDO DE HENARES (MADRID), 11/11/2014.- La Audiencia Nacional juzga desde hoy a 26 integrantes de bandas de "lancheros" de la Ría de Arousa, redes que se encargan de transportar la droga desde barcos nodriza en el Atlántico has
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Cuando el narcotraficante Manuel Abal Feijóo “Patoco” falleció en noviembre de 2008 a consecuencia de un accidente de moto, Gregorio García Tuñón, alias Yoyo, tomó las riendas de su organización, que fue desarticulada al poco tiempo en la operación contra el tráfico de drogas más importante de los últimos tiempos, conocida por “Tabaiba” y que desató un macroproceso judicial en el que se imputó a 26 personas pertenecientes a esta y a otra banda de lancheros. Su sucesor fue condenado a 13 años y seis meses de prisión por un delito grave contra la seguridad pública, pertenencia a organización en grado de jefe y ahí renegó de la herencia recibida. El Tribunal Supremo acaba de hacer pública la sentencia que ratifica su condena y desestima sus alegaciones para librarse de las penas. 
García Tuñón intentó desligarse de una organización a la que se vincula con la lancha que apareció varada en Nigrán en 2009 y que hasta el momento se considera la mayor intervenida en Europa, dotada con seis potentes motores capaces de cumplir en tiempo récord su misión: recoger la droga de un buque nodriza en el Atlántico y trasladarla a la costa gallega. Sin embargo, y no se sabe porqué, fue abandonada sin cumplir su cometido, la última operación planeada por “Patoco”. Su diseño y construcción eran obra del cambadés, pero “Yoyo” retomó sus planes y así lo indica la resolución, ratificando lo dicho en 2015 por la Audiencia Nacional. Dice que le acompañó a Mallorca, se le vio en una de las naves de la organización, además de vigilando medios aéreos y navales policiales en puerto y el aeropuerto de Vigo.
Según García Tuñón, se vulneró su derecho a la presunción de inocencia porque “solo” tiene relación de parentesco con algunos acusados, “lo cual no puede extrapolarse para entender que realizara actividad delictiva alguna con lanchas ni con los motores”. En definitiva, considera que se elevaron como hechos probados “meras exposiciones y especulaciones policiales”, a lo que el Alto Tribunal responde que “son verdaderas pruebas” los testimonios recogidos en la investigación, así como las intervenciones telefónicas y las incautaciones. 
“Yoyo” también niega la existencia de organización delictiva alguna y que, en todo caso, no cometió un delito contra la salud pública si no que su conducta respondería a “una tentativa inidónea de delito o delito imposible”. Además de indicar que no hay pruebas de que fuera jefe de nada , pero el Supremo es claro y dice que a la muerte de “Patoco”, “retoma los encargos y labores en el punto en que los había dejado”. 
El Greco Galicia y la Fiscalía de Pontevedra seguían muy cerca a la de banda de “Patoco” desde antes de su fallecimiento. De hecho, Tabaiba fue fruto de meses de seguimientos y un intenso trabajo policial que también permitió desarticular otra importante organización de lancheros, la del cambadés Juan Carlos Fernández Vázquez (O Parido).
La Audiencia Nacional lo condenó por los mismos delitos y a la misma condena, es decir, a 13 años y seis meses de prisión, y sus pretensiones de demostrar su inocencia, también han sido desestimadas. Esgrimió que no hay pruebas de que realizara actividades delictivas ni para grupos gallegos ni sudamericanos, ni que contratase con otros grupos la recogida de droga. También negó la relación entre los componentes de su organización, indicando que a uno lo conocía por haber trabajado juntos en el mar o de tomar copas, comer y haberse prestado un coche. Sin embargo, el Alto Tribunal señala sus frecuentes contactos para acondicionar una lancha, las medidas de seguridad que tomaba en las instalaciones, los mensajes en lengua críptico, un viaje a Colombia para “reunirse supuestamente con los proveedores de droga”, así como otros vínculos con una planeadora que apareció quemada en Aguiño (Riveira), tras tirar en una playa de Nigrán 122 fardos de coca –les sorprendió la Policía–, y le parece que son “un cúmulo de indicios, acreditados por prueba directa, de la que cabe deducir de forma lógica y racional la autoría del acusado y su condición de jefe”.

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