domingo 17/1/21

RATAS DE LABORATORIO

Los últimos datos sobre experimentación en España, facilitados por el Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente, hablan de más de ochocientas mil utilizaciones de animales. Por primera vez se tienen datos acerca de su uso. Así podemos saber que más de sesenta y dos mil de estos usos se produjeron con un dolor severo. Estas cifras nos pueden resultar llamativas. Un pequeño análisis nos demuestra que la tendencia al uso de animales es a la baja. Así, en 2009 se hizo uso de animales más de un millón cuatrocientos mil veces. En apenas seis la cifra se ha reducido significativamente, demostrando de esta forma el claro compromiso de la comunidad científica con un tema tan sensible.
Contradice esta actitud el discurso oscuro que se pretende inculcar en la opinión pública desde los activistas contrarios a la experimentación animal. Se señala a estos investigadores como gente sin escrúpulos, a los que no les importa el sufrimiento de los animales. Es un discurso perverso, que no se corresponde con la realidad. Y es que, en última instancia, lo que busca la investigación es el desarrollo: mejorar la calidad de vida. Tiene poco que ver con “satisfacer los oscuros deseos de unos sádicos de bata blanca”. 
Grandes avances en ciencia y medicina han surgido de la experimentación con animales. La hormona que produce el páncreas para controlar el azúcar en la sangre, la insulina, se descubrió en perros y hoy es fundamental para el tratamiento de la diabetes. También fueron cruciales las investigaciones con animales para identificar el virus del sida y para diseñar los antirretrovirales que alargan significativamente la esperanza de vida de las personas infectadas. La investigación en conejos y perros del virus del papiloma humano ha servido para demostrar que, con una vacuna, se trunca el desarrollo del tumor de cuello de útero femenino.
Si queremos seguir avanzando en la lucha contra las enfermedades como el ébola, el alzhéimer o el párkinson necesitamos experimentar con animales. Su beneficio supera con creces a los costes y es algo que debemos tener en cuenta al posicionarnos en este debate. Porque parar la lucha contra la malaria por no infligir dolor a ratas de laboratorio, puede suponer que permitamos que miles de personas mueran cada año. Pongamos todo sobre la balanza.

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