viernes 18.10.2019

¿Se repite la historia?

España no va bien. Los españoles están preocupados, las familias han perdido confianza en el Gobierno. Somos campeones en desempleo… Ustedes no han previsto lo que venía y si lo han previsto no ha hecho nada para evitarlo. El riesgo de la economía actual es que siga el gobierno socialista en el poder”. Manuel Pizarro, febrero de 2008.    

“Hay una cierta desaceleración…, pero ustedes no buscan soluciones, sino más problemas. Ha crecido el empleo, han subido los salarios… La situación actual es mejor que hace cuatro años. Usted prefiere reducir los costes y yo prefiero gastar más en políticas sociales. Hablan de crisis, incluso de recesión… y nada más alejado de la realidad”. Pedro Solbes, febrero, 2008.

Son fragmentos del debate Solbes-Pizarro en vísperas de las elecciones de 2008. El ganador fue el ministro que años después en “Recuerdos”, su libro de memorias, reconoció que mintió a los españoles. Pizarro fue tachado de catastrofista. 

¿Estamos ahora en un contexto parecido al de aquel duelo dialéctico? Juzguen ustedes. Si el atril de Pizarro lo ocupan el Banco de España, gabinetes de estudio y analistas hay que concluir de lo que dicen que este no es un resfriado pasajero, es un final de ciclo que anticipa una crisis, a saber de qué dimensión. Pizarro volvería a decir “España no está bien, la gente está preocupada”.   

Y si se sustituye a Solbes por el presidente Sánchez que pasea por España su “alternativa progresista” ofreciendo subida del salario mínimo y pensiones -contra el criterio del Banco de España-, derogación de la reforma laboral y hasta renta básica, entre otras promesas, estamos ante un nuevo brote de optimismo enfermizo e inconsciente, como en 2008 cuando Zapatero negaba la crisis. Ahora, el presidente ignora los malos datos de crecimiento y empleo, la caída del turismo, la deuda pública o la deuda de la Seguridad Social, por citar solo unos indicadores, con el contexto internacional adverso. 

¿Y la ministra Calviño? Dice que “hay una fase de recuperación menos intensa que en ciclos anteriores, pero más estable y equilibrada. La economía no presenta signos de vulnerabilidad, nada hace presagiar una crisis, no hay que caer en el alarmismo…”. Parece Solbes reencarnado.  

Regresamos a un electoralismo irresponsable que oculta la realidad con promesas y una alegría en el gasto temeraria en la bonanza e inviable cuando la desaceleración de la economía parece el preludio de otra recesión. Lo pagaremos muy caro.

¿Se repite la historia?
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