domingo 29/11/20

El jurado y el caso "Asunta"

Aescasas semanas del juicio que sentará en el banquillo a Rosario Porto y Alfonso Basterra como presuntos autores del asesinato de su hija de 12 años, muchos se preguntan: ¿Es posible elegir a un tribunal popular libre de prejuicios, que no esté contaminado por los medios de comunicación que han informado sobre el caso “Asunta”? El jurado en España vuelve a estar en el centro del debate. Algunos abogados lo utilizan negativamente como arma de defensa: “Mi cliente ya fue crucificado por la opinión pública”, expuso en su día el de José Bretón, el padre que mató a sus dos hijos en Córdoba; o ahora el de la madre de Asunta: “Va a ser imposible garantizar la imparcialidad del jurado”.
Desde luego, es imposible seleccionar un tribunal en el que ninguno de sus integrantes conozca del crimen; y cierto también que la influencia mediática y ambiental es un riesgo para la imparcialidad. Pero tanto de un jurado como de un juez profesional. Los jueces también leen la prensa, escuchan la radio, ven la televisión y, en definitiva, igualmente tienen sus prejuicios. Son humanos.
Pero una cosa es valorar una información pública y otra, muy distinta, las pruebas de un juicio. Tener la capacidad suficiente de huir de juicios paralelos y decidir sobre la culpabilidad o inocencia en base a lo único válido en estos juicios: las pruebas que se practiquen en la Sala de justicia. Finalmente no se discutirá sobre normas, sino sobre hechos. Y, al respecto, solo jugará el sentido común, que se presume por igual en jueces, fiscales, abogados y demás ciudadanos.
Cierto que nuestro sistema podría mejorar en esa búsqueda de la imparcialidad. Miremos a EEUU: los jurados, para evitar el contacto con el exterior, en vez de estar incomunicados solo mientras deliberan el veredicto, pueden estarlo desde el inicio del juicio; su celebración puede trasladarse de lugar para conformar un jurado de una zona alejada de donde ocurrieron los hechos; los jurados son doce (no nueve) y deciden la culpabilidad por unanimidad (no por mayoría); y el juez que lo preside es realmente un árbitro neutral sin posibilidad de condicionar la voluntad de los jurados.
Dada mi tendencia cinéfila, no puedo resistir la tentación de recomendarles al respecto dos obras maestras: “Doce hombres sin piedad” de Sidney Lumet, sobre la imparcialidad de los jurados; y “Anatomía de un asesinato” de Otto Preminger, sobre la imparcialidad del juez que lo preside. Anímense.

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