martes 1/12/20

Riesgo de repunte

o peor de ciertos comportamientos carentes de civismo que se han producido tras la atenuación del confinamiento en algunas de las regiones que han entrado en la Fase-1 es que proporcionan argumentos al Gobierno para prolongar el estado de Alarma que suprime algunas libertades básicas consagradas en la Constitución.
Cada vez que un “listillo” o un grupo de desaprensivos se saltan alguna de las medidas de protecció están perjudicando al conjunto de los españoles porque si como consecuencia de este tipo de acciones irresponsables llegara a producirse un repunte de los casos de infectados por el coronavirus, previsiblemente el Gobierno intentaría prorrogar una vez más el estado de Alarma Sería lo peor que nos podría pasar porque tras sesenta días de confinamiento -que sigue vigente para media España- prolongar el confinaminto podría provocar algún tipo de reacción social de difícil control. El confinamiento es en sí mismo una medida extrema que modifica nuestros hábitos cotidianos imponiendo rutinas claustrofóbicas. Si se prolongara en el tiempo acabaría siendo dañino tanto para la salud del cuerpo como para la mente de miles de personas.
Utilizando como escudo al ministro de Sanidad -un filósofo al frente de una pandemia- el Gobierno toma decisiones vía decreto que cambian nuestras vidas. Lo hacen apoyándose en los criterios de una serie de expertos cuya identidad se niegan a revelar. Es un caso único. En todos los países de la Unión Europea sus ciudadanos saben quienes son las personas que asesoran a los respectivos gobiernos a la hora de tomar las decisiones que les afectan. En España, no. Aquí no porque desafiando la Ley de Transparencia el Gobierno Sánchez ha decidido ocultar su identidad. Una decisión a todas luces extravagante que lo que hace es proyectar una sombra de desconfianza respecto de la pericia de los fantasmales -por desconocidos- expertos.
Expertos sobre cuyas recomendaciones se ha parapetado el Gobierno. Sánchez e Illa siempre les han utilizado como escudos para justificar los fallos en la gestión de la crisis sanitaria, las órdenes y contraórdenes dadas a lo largo de los últimos sesenta días. Sería paradójico que llegados a este punto por culpa de la irresponsabilidad de los listillos que se saltan las medidas de protección el Gobierno encontrara una excusa para endosar a los ciudadanos la responsabilidad de un posible repunte de los contagios. Situación que nos llevaría una prórroga, otra más, del estado de Alarma.  

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