Sánchez y la caída del muro de Berlín

Desde los tiempos de Leire Pajín no había pasado nada igual, nada tan inmenso. Fue cuando la, entonces, ministra dijo en un desayuno de Europa Press aquello de que “les sugiero que estén atentos al próximo hecho histórico que se producirá en nuestro planeta: la coincidencia en breve de dos presidencias progresistas a ambos lados del Atlántico, la de Obama en Estados Unidos y la de Zapatero en la Unión Europea, dos liderazgos, una visión del mundo, una esperanza para muchos seres humanos”.


Era difícil superar eso, pero el actual ministro de Exteriores lo ha conseguido. José Manuel Albares ha dicho que “cuando miremos con perspectiva esta cumbre de Madrid, estará al nivel de la caída del Muro de Berlín”. Nada menos. Ni Obama ni Zapatero, tampoco Pajín, están ya en política y es más que previsible que ni Sánchez ni Albares -que está haciendo buena a González Laya- ni tampoco los ministros de Podemos que defienden acabar con la OTAN pasen a la historia. Ojalá que la cumbre de Madrid salga bien, que el conjunto de países que defienden la libertad y la democracia se ponga las pilas y garantice esas libertades y los derechos humanos amenazados y violados en muchos lugares. Yo tengo algunas dudas. De momento, lo que ha garantizado Sánchez es la mayor presencia militar de Estados Unidos en España y un mayor gasto militar, también el más elevado de la historia de España. Y lo que le ha ofrecido Biden es controlar en origen la inmigración irregular. Y los ministros de Podemos, anti-OTAN, antimilitaristas, anti-Estados Unidos, callados para conservar el puesto y el poder.


Sánchez saldrá reforzado de esta cumbre y el documental que se prepara sobre su trayectoria tendrá imágenes con todos los líderes mundiales. Formará parte de la constelación estelar de Zapatero. Pero mientras en la España real la inflación sube al 10,2 por ciento, el máximo desde 1985, sin control alguno, la gente normal no llega a final de mes y las empresas se acercan al precipicio, el Gobierno sigue empeñado en lo suyo: controlar las instituciones y las empresas públicas y no públicas, dar todo tipo de facilidades para el cambio de género o para el aborto, a partir de los 16 años o antes en algunos casos, mirar para otro lado en las violaciones de los derechos humanos en la frontera con Marruecos y, eso sí insistir en lo que inició Zapatero: una nueva ley de memoria “democrática”, que va a investigar los crímenes franquistas “hasta 1983”(¡).


Una ley sacada adelante con dos de los socios que más han hecho por la concordia y la paz, no ya en el País Vasco sino en toda España: el PNV y Bildu. La nueva ley incluye la eliminación de títulos nobiliarios concedidos en ese tiempo, la nulidad de las sentencias judiciales, auditar los bienes expoliados, estudiar las violaciones de derechos humanos hasta 1983, dar otro nombre al Valle de los Caídos (¿se acuerdan de la urgencia de sacar a Franco de allí?), incluir en los libros de textos la represión franquista y declarar ilegal e ilegítimo el viejo régimen.


Entiendo que eso responde a que vivimos un momento en los que esa es la máxima preocupación de los ciudadanos y a las manifestaciones en las calles reclamando la revisión absoluta de la historia, para reescribirla en su totalidad con ayuda de los que no quieren formar parte de España.

Sánchez y la caída del muro de Berlín

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