Miedo a las urnas

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He visto la reacción de la izquierda y de sus brazos mediáticos a la convocatoria electoral de Castilla y León. Acusan al PP de adaptar el calendario electoral a sus intereses y arremeten, furibundamente, contra Casado y Mañueco. Resulta curioso porque lo que el presidente castellano-leonés lo que hace es dar la palabra a la ciudadanía para que, con su voto, ponga a cada uno en su lugar.


El PSOE está allí en la oposición y, por lo tanto, tiene la oportunidad de mejorar posiciones y aspirar al gobierno. Sin embargo, no solo no lo celebra sino que arremete contra todo y contra todos, los entiendo muy bien porque los socialistas no creen a Tezanos y temen que las ganas de mostrarle a Sánchez el descontento generalizado de la sociedad civil, se traduzca en un castigo severo en las urnas y premie a un PP que es, hoy por hoy, la única alternativa real a Pedro Sánchez.


Pero analizando los motivos del monumental cabreo socialista cabe hacer una reflexión: el número uno en hacer cualquier cosa por continuar en el poder se llama Pedro Sánchez, la diferencia es que Sánchez no pone urnas, negocia en los despachos para lograr sumas parlamentarias que lo sostengan. Y si para ello es necesario pactar con Bildu, pues pacta. Si es necesario abandonar a una familia y a un niño de 5 años en Cataluña que son acosados por querer que se cumpla la sentencia que obliga a un 25% de clases en español, pues se abandona. Si hay que mantener a un ministro que se dedica a organizar huelgas de juguetes y lucha contra los roscones de reyes, pues se mantiene. Y así podríamos seguir en una lista interminable de cesiones a separatistas con el único objetivo de permanecer en la Moncloa al precio que sea. Puestos a elegir, prefiero que hable la población porque, en democracia, es la última y única verdad.

Lo de Ciudadanos tiene otra explicación, su cabreo tiene mucho sentido porque es un partido en extinción desde que el propio Rivera lo fulminó después de criarlo. Cada encuentro con las urnas desde entonces es un sinvivir para la formación naranja, una especie de “gota china” que los conduce al despeñadero.


Una pena porque, en su día, habían ilusionado a mucha gente, a la misma que no dudaron en defraudar con políticas de laboratorio ajenas a los intereses de las personas. Es cierto que esta convocatoria, tras el éxito de Ayuso en Madrid, donde el Psoe tuvo un descalabro mayúsculo, las elecciones le vienen bien al PP que, hasta que Sánchez no convoque elecciones, puede ir ganando batallas regionales aumentando así un ambiente que le es favorable como apunta toda la demoscopia, salvo la de Tezanos.


Hay ganas de votar, muchas y en toda España y por eso los procesos autonómicos son seguidos y celebrados no solo en sus comunidades sino en toda España. Sánchez puede alargar la legislatura hasta el final con cesiones a Bildu, separatistas o partidos locales, pero debe saber que a medida que la alarga, se ensancha también la voluntad del pueblo de hablar en las urnas.


Ahora prepárense porque la izquierda mediática nos abrasará con ese engendro al que quieren llamar la España vaciada y que solo pretende reproducir a Teruel Existe para ponerse a las órdenes de Sánchez.

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