Golpe de efecto sin reformas

Toda política de ahorro es positiva y ahorrar energía ahora es necesario. Pero darle un papel relevante a la corbata para alcanzar este objetivo, como hizo el presidente en el balance semestral, es una estupidez.

 

No sé si las demás medidas -climatización comercio, hostelería y centros públicos, iluminación de edificios y escaparates…-, resultarán eficaces para ese ahorro. Sí se puede decir que fueron medidas improvisadas y tomadas sin consultar con los sectores afectados, ni consensuar con las autonomías que no entienden el proceder de este Gobierno. Las formas autocráticas del presidente y su equipo desconciertan, no solo a la presidenta de Madrid, su bicha particular, también a otras comunidades. De hecho, el lunes tuvieron que aclarar las lagunas de un decreto chapucero

 

Da la impresión que estamos ante un golpe de efecto del Gobierno obligado “por imperativo europeo” pero de escasa eficacia, mientras rehúye el complemento de otras medidas y reformas de más calado para enfrentarse con más rigor a los graves problemas que tiene España. Entre ellos, la inflación y sus efectos, los problemas que vendrán en otoño y la reducción del gasto, que el propio Gobierno no quiere afrontar.  Su proceder recuerda la leyenda de aquella familia rica venida a menos que tenía dificultades económicas y, tras largas deliberaciones, acordaron “matar el gato” creyendo que ahorrando la comida del felino salvaban su crisis económica.    

 

Pero la anécdota de la corbata y las medidas de ahorro energético, que entran hoy en vigor, adquieren la condición de categoría por representar la “primera dosis” de recortes que tendrá continuación en otoño con restricciones más duras, según vaticinan los expertos. Hasta la ministra Calviño cayó del caballo optimista y admite que “hay que prepararse para lo peor” y no descarta la recesión.

 

Por tanto, vendrán más ajustes y serán más duros cuanto más tarde el Gobierno en hacer los deberes. Que pasan por emplear el dinero extra que recauda Hacienda, “recursos caídos del cielo” por la escalada de la inflación, en sanear las cuentas y reducir el déficit y la deuda; por ser más diligente en la gestión de los fondos europeos -solo llevan ejecutado el 9 % en seis meses- con destino a inversiones que cambien el modelo económico y por reducir el gasto público, sin descartar deflactar el IRPF para que la gente tenga más dinero en sus carteras.

 

Pero el objetivo del Gobierno es gastar, repartir subvenciones para captar votos. Una política de gasto que aumenta la deuda y el déficit que dejarán como herencia al ganador de las elecciones, que pueden ser ellos mismos. Con esta espiral de gasto, el plan del ahorro energético es una minucia. 

Golpe de efecto sin reformas

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