Las acusaciones de extorsión rompen una breve tregua para Boris Johnson

Johnson, quien, después de abortar este miércoles un conato de rebelión en sus filas, fue acusado ayer por uno de sus propios diputados de “extorsionar e intimidar” a los disidentes que piden su cabeza. La última bomba de relojería en el escándalo de las fiestas en Downing Street (el llamado “Partygate”) la puso el díscolo William Wragg, presidente del comité parlamentario de Administración Pública y Asuntos Constitucionales, en una intervención en la que pidió a sus compañeros que pongan en conocimiento de la Policía cualquier presión ilícita.


“En los últimos días varios miembros del Parlamento sufrieron presiones e intimidación por parte de miembros del Gobierno por su deseo declarado o supuesto de (pedir) un voto de confianza sobre el liderazgo del primer ministro”, indicó.


Para este diputado joven (34 años), pero al frente de una importante comisión, algunas de esas presiones podrían equivaler a un chantaje, por lo que aquellos que las hayan sufrido deberían ponerlas en conocimiento de la Policía y del presidente de la Cámara de los Comunes.


Wragg es uno de los escasos diputados “tories” que se atrevieron a reclamar la dimisión de Johnson en público y representa la avanzadilla de la oposición interna al primer ministro. Sin embargo, la gravedad de la acusación fue tal que provocó un nuevo terremoto en torno al liderazgo de Johnson. El primero en respaldar la denuncia de Wragg fue otro diputado, Christian Wakeford, quien dijo que los encargados de la disciplina parlamentaria en el grupo “tory” le habían amenazado con retirar la financiación para un nuevo colegio en su circunscripción del norte de Inglaterra si no acallaba sus críticas.


La palabra de Wakeford fue puesta en cuestión por los conservadores después de que ayer éste se convirtiese, tras pasarse a los laboristas, en el primer diputado tránsfuga de esta legislatura.


Por su parte, Johnson afirmó ayer no haber visto o escuchado “ninguna prueba” que “apoye las alegaciones” de Wragg. Agregó que está centrado en atender las prioridades de la población británica, como superar la pandemia con la ayuda del programa de vacunación con dosis de refuerzo.


“Tenemos la economía y la sociedad más abiertas de Europa, con el más rápido crecimiento en el G7, como resultado de la campaña de dosis de refuerzo”, recalcó en declaraciones en el Centro de Diagnóstico Rutherford.


En la guerra de facciones que suele ser el Partido Conservador, una las lenguas más afiladas es la del líder del sector eurófobo, Steve Baker, que ayer se sumó al coro que ya da a Johnson por amortizado. “Esto es espantoso y la gente está furiosa con razón. Me temo que parece jaque mate, pero veremos si puede salvarse”, dijo Baker a la BBC. 

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