viernes 20.09.2019

La vida entre 25 perros de caza en Bergondo

Manuel Golpe tiene una “perrera deportiva” con sus canes, procedentes de refugios y algunos que sufrieron con otros dueños: “No necesitarían el hombre para sobrevivir, pero yo ya no puedo vivir sin ellos”
Manuel Golpe, acompañado por algunos de sus perros | cabalar (efe)
Manuel Golpe, acompañado por algunos de sus perros | cabalar (efe)

La cría de perros de caza es desde hace años la mayor afición de Manuel Golpe, que después de largas jornadas de trabajo en su taxi pasa la vida rodeado de sus 25 animales en la parcela de una sencilla casa en Bergondo (A Coruña).

Su solar es distinto a los de los demás. Hay docenas de collares con tecnología GPS, carritos para el transporte de canes, un todoterreno de los 90 y muchos sacos de pienso. Su pasión por la cría comenzó cuando se casó con la hija de un cazador, cuenta a Efe. “Poco a poco fui incorporando a mi cancela perros de otros cazadores que se deshacían de ellos o cachorros que nacían aquí”, relata, quien también cuida canes que han sufrido con sus anteriores dueños, algunos traídos de refugios, y describe esta actividad como apasionante, aunque admite que requiere de mucho esfuerzo físico y psicológico.

Su ahínco al respecto no está exento de algún reproche: ha sido criticado por un vecino que veranea en la zona y remitió un escrito al Consistorio en el cual se queja de que los ladridos no dejan dormir a su familia. Una observación ante la que el taxista argumenta que algunas personas “quieren vivir en el campo sin los ruidos del campo”. Golpe apunta que efectivamente los perros hacen ruido, pues ladran ante un peligro o una amenaza como ocurrió hace unos días cuando un zorro le mató nueve gallinas y “los perros se volvieron locos”.

No obstante, “la vida aquí te enseña a buscar soluciones rápidas”. Prueba de ello, otro vecino le regaló dos ocas que desde entonces mantienen al zorro lejos de sus gallinas, “aunque a algunos también les moleste el ruido de las ocas”, ironiza. Para zanjar esta polémica argumenta que el recinto está legalmente inscrito como “perrera deportiva” en el Registro de Animales Domésticos y Salvajes en Cautividad de Galicia, de la Consellería de Medio Ambiente.

“Esta gente no entiende lo que es la vida en el rural. Quieren vivir en esta aldea y que los que estuvimos aquí toda la vida desaparezcamos con nuestras costumbres. Aquí ya no quedan granjas de vacas como las que había cuando los ricos compraron parcelas a precio de saldo”, asevera. “Aunque estos perros de caza no necesitarían al hombre para sobrevivir, yo ya no puedo vivir sin ellos”, concluye Manuel Golpe.

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