sábado 5/12/20

El mapa de los presos de ETA: 245 en las cárceles de España y el resto, en Francia

ETA tiene en las cárceles a cerca de 300 miembros, de los que 245 están en España y el resto en Francia, donde están recluidos algunos de los etarras con un horizonte penitenciario más largo;

ETA tiene a unos 300 miembros encarcelados | aec
ETA tiene a unos 300 miembros encarcelados | aec

ETA tiene en las cárceles a cerca de 300 miembros, de los que 245 están en España y el resto en Francia, donde están recluidos algunos de los etarras con un horizonte penitenciario más largo; con todo, el descenso de su población reclusa es notable, pues hace una década rondaba los 800 presos.
A pocos días de la anunciada disolución de ETA, los que aún están entre rejas cumplen condena distribuidos en 44 cárceles españolas y 18 francesas, donde se concentran los arrestados de las últimas cúpulas, además de otro preso en una cárcel de Portugal, según los datos de la agrupación de familiares de presos etarras, Etxerat.
El ritmo de descenso paulatino se aprecia especialmente desde 2012. Los que salían empezaron a superar al de los que ingresaban, sin olvidar el efecto de la derogación de la doctrina Parot en 2013 que, en poco más de dos meses, supuso la excarcelación de 63 etarras.
Solo desde el pasado año han abandonado su celda definitivamente Idoia López Riaño, “La Tigresa”, que se desvinculó de ETA en 2010 y que ha estado encarcelada 23 años; Felipe San Epifanio, “Pipe”, jefe del sanguinario comando Barcelona tras el mismo periodo entre rejas; o José Miguel Gaztelu, uno de los secuestradores del funcionario de prisiones José Antonio Ortega Lara.
En la lista de recientes excarcelaciones también figuran el dirigente sindical “abertzale” Rafael Díez Usabiaga tras seis años y medio de prisión por intentar reconstituir la ilegalizada Batasuna o Iñaki Igerategi e Ignacio Otaño tras cumplir condena por dar información para que la banda asesinara a Joseba Pagazaurtundua en febrero de 2003.

Dispersión
Atravesado por el trazo de la dispersión desde finales de los años ochenta, el mapa penitenciario de ETA se dibuja así: nueve prisiones andaluzas se reparten 85 presos, por delante de los 45 que cumplen penas en cárceles de la Comunidad Valenciana, y, ya en menor medida, los que están internos en centros de Galicia (22), Castilla y León (15) o los 11 de Castilla La-Mancha.
Solo tres presos, según los datos de Etxerat, están en cárceles vascas y un cuarto, Ibon Iparragirre, enfermo de sida, fue en enero trasladado a un hospital de Gipuzkoa para seguir cumpliendo condena en régimen de prisión atenuada.
A estos internos hay que añadir los arrepentidos que se acogieron a la vía Nanclares y que están en la cárcel de Zaballa. Llegaron a ser una veintena y hoy se cuentan con los dedos por el goteo de salidas en los últimos cinco años, en tanto que los que continúan tienen suavizadas sus condiciones como Rafael Caride Simon, uno de los autores del atentado de Hipercor en Barcelona.

Históricos
Cuarenta y cinco etarras llevan veinte años en la cárcel y casi una treintena tiene 60 años o más. Dos de ellos son Francisco Múgica Garmendia, “Pakito”, y Joseba Arregi Erostarbe, “Fiti”, que ostentaron la dirección de ETA que cayó en Bidart (Francia) hace 25 años.
A estos dos jefes les sucedió Iñaki Bilbao, Iñaki de Lemona, que sigue cumpliendo condena en Albocasser (Castellón), pero al igual que Pakito lejos ya de la disciplina de la banda, pues ambos fueron expulsados hace más de una década por abogar por el desarme.

Disolución
El ministro del Interior, Juan Ignacio Zoido, afirma que ETA “no conseguirá nada que no contemple la ley” cuando se disuelva y asegura que su “desaparición completa, real y efectiva” tiene que ir acompañada “de la plena deslegitimación de los terroristas”.
“Ni consiguió nada cuando dejó de matar, tras ser derrotada policial y socialmente, ni tampoco conseguirá nada que no contemple la ley cuando desaparezca. Ante el terrorismo, solo cabe aplicar la ley y el Estado de derecho, antes, después y siempre”, sostiene Zoido en un artículo publicado ayer en “El Mundo”. l

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