martes 20/10/20

La élite de los 90 pasa del Vega Sicilia al sándwich en la máquina del juzgado

Del cielo al purgatorio. Del glamour y el gusto por mandar al paseillo y la acusación de “chorizo” en un polígono gris de la periferia madrileña. Una heterogénea procesión de gente que lo fue todo en la España de los últimos años del siglo XX y primeros del XXI se despertó el martes sentada en el banquillo de la sede que la Audiencia Nacional tiene en San Fernando de Henares para celebrar los macrojuicios. 

Luis Bárcenas llega a la Audiencia Nacional para participar en la primera sesión del juicio por la trama Gurtel	ep
Luis Bárcenas llega a la Audiencia Nacional para participar en la primera sesión del juicio por la trama Gurtel ep

Del cielo al purgatorio. Del glamour y el gusto por mandar al paseillo y la acusación de “chorizo” en un polígono gris de la periferia madrileña. Una heterogénea procesión de gente que lo fue todo en la España de los últimos años del siglo XX y primeros del XXI se despertó el martes sentada en el banquillo de la sede que la Audiencia Nacional tiene en San Fernando de Henares para celebrar los macrojuicios. 
Entre patrullas de abogados y periodistas y los imprescindibles preferentistas que les gritaban desde la calle, allí estaban mezclados amigablemente los Rato, los Spottorno, los Correa, los Blesa, los Bárcenas, los Díaz Ferrán, “El Bigotes” y varias decenas de actores secundarios de las tramas de la Gurtel y las tarjetas “black”. De nada les sirve ir acompañados de escoltas como es el caso de Rodrigo Rato que lleva nada menos que cinco.
Cada jornada, como una rutina, en la acera de enfrente, decenas de cámaras registran como los escasos indignados que han conseguido llegar hasta este punto tan aislado de la Comunidad de Madrid les “saludan” con insultos a gritos. “Chorizos” y “ladrones” son los más moderados. La mayoría de los enjuiciados acelera el paso o pone cara de póquer mientras que otros, como Francisco Correa, que aún conserva una parte de las maneras de antaño, no pueden evitar revolverse. A él y otros procesados se les escapó un “tu puta madre” captado por los abundantes medios de comunicación que graban todos sus gestos.
El exjefe de la Casa Real Rafael Spottorno, acaso recordando tiempos mejores, fue más allá y presentó sus quejas a los agentes de policía encargados de la seguridad, con nulo resultado.
Los acusados, acostumbrados en sus años de gloria a que se les abriera la puerta de los edificios oficiales con sonrisas y amables saludos, llegan al fin al control de entrada, al resguardo de las miradas de los que permanecen en el exterior. Pero también allí cambiaron las cosas. Deben esperar largas colas para acreditarse y dejar en bandejas de plástico sus pertenencias para pasar el arco de seguridad. A cambio reciben una tarjeta que les identifica como PL: “Procesados en Libertad”.
La coincidencia en el mismo lugar provoca escenas curiosas. El ex vicepresidente del Gobierno Rato se topó con el extesorero del PP Luis Bárcenas. “¡Hombre, Don Luis!”, le saludó con un apretón de manos.
Su antecesor al frente de Caja Madrid, Miguel Blesa, olvidó un euro en el control de entrada. “Señor, se deja una moneda”, le advirtieron a lo que él respondió “dame, dame, que no está la cosa como para...”.
Blesa, que según su correspondencia electrónica gustaba catar los mejores vinos y se encaprichó con un simulador de coches de Fórmula 1, saca ahora su almuerzo en una máquina. Tuvieron que explicarle, eso sí, el funcionamiento del aparato ya que no atinaba a abrir la portezuela para coger su bocadillo.
Bárcenas, por su parte, también hizo uso de las máquinas, en su caso para sacar refrescos light para él y su esposa, Rosalía Iglesias. El extesorero del PP se muestra muy cuidadoso de cara a las cámaras y evita aparecer junto a su mujer.
Unos aguantan mejor el tipo que otros, como “El Bigotes” que no ha perdido las ganas de requebrar a las damas y cede caballerosamente el paso.

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