miércoles 21/10/20

Un clásico en El Molinón

Huele a clásico. A fútbol del norte. A rivalidad regional. A gran partido y a fiesta del balón (esperando que nadie rompa la paz y el ‘buenrollismo’ que debe existir en un partido de este calibre).

Huele a clásico. A fútbol del norte. A rivalidad regional. A gran partido y a fiesta del balón (esperando que nadie rompa la paz y el ‘buenrollismo’ que debe existir en un partido de este calibre).
Aunque las facciones más radicales de ambas aficiones no se tragan, el grueso de la tropa solo quiere fiesta, sidra y ganar. El Sporting se ha convertido en un rival al que el deportivismo quiere vencer, al que gusta enfrentarse. Precisamente porque las dos ciudades se engalanan para este encuentro y lo hacen con las mejores prendas del armario.
Si en la ida había un porrón de seguidores de la tierra de Don Pelayo, en este envite serán más de 2.500 los fillos de Breogán que se dejarán la garganta por el equipo. En la grada, la pasión está servida. En el campo la tienen preparada los jugadores casi desde el encuentro de ida.
Los deportivistas quieren ganar por muchas razones en el feudo gijonés. La primera, por la afición. Cuando los jugadores herculinos salten al prado asturiano verán cómo se las gasta la maruxía gallega. Ya es el primer acicate para ir a por los tres puntos desde el inicio, pero hay más.
Sin ganar desde hace seis jornadas, el Depor busca una victoria que le impulse hacia arriba. En un momento en el que el calendario te planta ante rivales directos, conseguir el triunfo puede abrir una serie de buenos resultados que acerquen cada vez más los objetivos. Razón más que poderosa para buscar el triunfo en este envite.
Y se puede poner otra. El partido de ida. Si usted fuese Mosquera o Lucas Pérez tendría muchas ganas de vencer en el campo asturiano. En el choque de hace justo una vuelta el cuadro gijonés venció de manera injusta en Riazor después de coger dormido al Depor y endosarle un 0-2 en los primeros compases del partido. Son derrotas que escuecen, que no se olvidan y que los profesionales quieren revertir.
El entrenador blanquiazul no está dando demasiadas pistas , pero no se esperan cambios. Solo el de la portería con la vuelta de Lux. El resto del equipo será el mismo que empató ante el Rayo.
Enfrente, un Sporting que quiere ‘pillar’ al Depor todo lo desprevenido posible. Los asturianos atraviesan uno de sus mejores momentos del campeonato y, empujados por su afición, entrarán a El Molinón como locomotoras. Es una de las claves del partido, aguantar los envites primigenios, los arreones que indican que la batalla comienza.
Una vez que el Depor tenga controlada la salida del Sporting intentará conseguir lo más difícil, marcar. Cuando supere esta meta llegará el siguiente paso, ‘nadar y guardar la ropa’, intentar sentenciar.
Es fácil escribirlo; complicadísimo el realizarlo por el guion. El equipo ha trabajado duro preparando el envite y está seguro de sus posibilidades, de que puede volver con los tres puntos.
De cualquier manera, y a pesar de que la lista de empates es amplia, siempre hay que recordar una de las máximas o tópicos del balompié. Si se diera la circunstancia de no poder ganar, al menos no perder. La sensación es de que, por fin, puede que haya llegado el momento de sacar algo en limpio de un estadio que últimamente no se da nada bien al Depor. Ya va siendo hora de que además de la sidra y la fabada el deportivismo se traiga puntos de su viaje a Asturias.

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