domingo 23.02.2020

Calentón sin final feliz

El deportivismo acudió a la llamada del club y disfrutó en el partido, primero con el espectáculo de música, luz y color y, después, con el fútbol, pero la victoria y la racha se esfumaron en San Valentín
La afición blanquiazul respondió de nuevo y Riazor lució una imagen sensacional, con más de 24.600 espectadores  quintana
La afición blanquiazul respondió de nuevo y Riazor lució una imagen sensacional, con más de 24.600 espectadores quintana

Cuando se abrieron las puertas de Riazor para los aficionados, en algunas ya había cola. Nadie quería perderse la fiesta previa al partido con el Girona.

Antes de que el espectáculo comenzara, el speaker de Riazor, José Luis Núñez, leyó, como es habitual, las alineaciones. Al llegar a José Luis Martí, silbidos. Nadie olvida el fracaso de Mallorca, donde el Deportivo dilapidó en aquel San Juan de lágrimas los dos goles de renta que había conseguido en A Coruña. 

Cinco minutos después de lo anunciado, a las 20.50 horas llegó la fiesta previo aviso por megafonía. “Deportivistas, atención, en los próximos minutos habrá apagones en el Estadio. Mucha precaución al moverse por la grada”.

El repertorio comenzó con Enter Sandman de Metallica mientras los Riazor Blues entonaban sus cánticos habituales. “Exit light, enter night”. Se fue la luz, llegó la noche. Y como dice la canción, coge mi mano, nos vamos al país del nunca jamás” (Take my hand, We’re off to never-never land). Era el día de los enamorados, y este Depor enamora.

El campo fue invadido, de repente, por un montón de banderas para recibir a los equipos al ritmo de ‘La Conquista del Paraíso”. Y ‘Geordie’, de Gabry Ponte, cerró el espectáculo musical en Riazor para que Sabin Merino recibiera el trofeo al mejor jugador del mes de enero en Segunda División.

Con  el balón en movimiento, la animación corrió a cargo de los de siempre, los Riazor Blues.

Prácticamente los primeros aplausos fueron para Somma. El italiano se lesionó la rodilla derecha y tuvo que abandonar el césped en camilla, entre lágrimas, a los nueve minutos. 

La alegría llegó a los 17 minutos con el gol de Mollejo a centro de Bóveda. El Deportivo acertaba en la primera llegada y la parroquia blanquiazul vibraba. El Girona apretó, el árbitro se perdió en el partido y Riazor, al unísono, estalló. El “fuera, fuera” se escuchó a los 32 minutos, después del habitual recuerdo a Jimmy.

La intensidad de la protesta subió con la amarilla a Aketxe y otra a Mollejo antes del descanso. En el intermedio, el Deportivo recordó al aficionado Miguel Ángel Pousa, miembro de la peña Barritos Monte Alto, que falleció repentinamente el jueves. Riazor le despidió con aplausos. Al ritmo del speaker, se cantó el “Álex Bergantiños, lolo, lolo” en el 2-0. Y de la fiesta, del éxtasis, se pasó al 2-2, con Riazor desquiciado por el árbitro. Para él, la pañolada.

Comentarios