sábado 24/10/20

Las variadas murallas de la ciudad coruñesa, sus puertas y fortificaciones

Los muros de A Coruña nacen debido a la fortificación que el rey Alfonso IX ordena realizar en 1208, cuando indicó al gobernador de la Bahía de O Burgo que desmantelara la Burga do Faro (El Temple) y procediese a implantar la población en la localidad de “A Crunia”, una colonización de la península herculina
Puerta de San Miguel y el embarcadero

Las murallas de la ciudad nacen como consecuencia de la fortificación que el rey Alfonso IX ordena realizar en 1208. En virtud de una Real Cédula suya, indica al gobernador de la Balía do Burgo que desmantele la nueva Burga do Faro (El Temple) y proceda a implantar la población en la localidad “da Crunia”, abandonada ésta desde hacía algunos siglos, aunque siempre contó con gentes que permanecieron en el lugar.

Esta refundación de La Coruña por Alfonso IX motivó la colonización de la península coruñesa, dando facilidades a los que se estableciesen mediante el reparto de tierras. Esto daría origen a la rápida fortificación por su expansión en la parte alta de la ciudad o núcleo principal, donde se sitúan sus moradores por ser aquel lugar una atalaya, la cual se podía defender de cualquier invasión. Por este lugar comenzó a poblarse la nueva villa coruñesa de entonces.

La muralla o cerca estaría conformada por unos 16 cubos fortificados y sobre su saliente más prominente –el cual miraba hacía la bahía y servía el mismo de puerto refugio de las naves marinas– se levantaría un fuerte o recinto militar, desde cuyo lugar se observaría la entrada de cualquier navío, ya fuese amigo o enemigo de la corona. Este lugar es el ahora idílico jardín de San Carlos y el puerto es la antigua playa, hoy desaparecida por la vorágine urbanística, del Parrote –entonces llamado Perrote–.

Puertas

Después del asedio inglés a la ciudad en 1589 y al ser la Pescadería arrasada hasta sus cimientos se procedió a preparar la fortificación de esta zona, cuya muralla de una forma irregular recorría la línea de la costa desde la Audiencia Real hasta completar su cierre en la zona llamada de los Pelamios, en cuyas murallas se habilitaron tres puertas. Una, la conocida como la del Parrote, en 1676; otra, la del Clavo, que data del siglo XVII; y junto al Campo de Sanctis Espíritus, la de San Miguel, también conocida como Puerta del Embarcadero, la cual data de 1595. Esta última servía de acceso a las fuerzas que estaban destinadas en el Castillo de San Antón.

En el año 1740 comienzan a instalarse tropas en la antigua Casa de la Moneda, aunque hasta 1744 continuarían las mismas siendo alojadas en las casas particulares de la ciudad y Pescadería. Por eso, ese año y el de 1750, en el reinado de Felipe V, bajo la directriz de su ministro Pedro Macanaz, se levanta el cuartel que llevará su nombre para albergar las tropas.

A este recinto también se le conocería como el cuartel de San Francisco, al situarse inmediato del convento, y templo de la Orden. Mientras, la Real Maestranza de Artillería creada por el rey Fernando VI en La Coruña en 1757, ocuparía en un principio parte del edificio de las casas del Concejo, situadas en la Plaza de la Harina, para posteriormente quedarse con todo el edificio.

A principios del siglo XVIII se vio en la necesidad de fortificar al completo la Pescadería por la zona del Orzán, levantando en aquel lugar del Caramanchón los muros necesarios, que quedaron unidos a los que discurrían desde la Puerta de la Torre de Arriba, por lo que se completó la defensa amurallada de La Coruña.

Esta plaza era considerada por el rey como “La Fuerza y Llave del Reino de Galicia”, ya que todos los invasores que trataron de penetrar en ella habían fracasado en su intento desde el siglo XIV y para los ingenieros militares del Reino de España, la ciudad estaba considerada como una de las plazas más importantes del rey, de ahí su afán en mantenerla a buen recaudo. De su seguridad dependía la reputación de estos ante el propio monarca.

La fortificación de la Ciudad Alta se componía de una serie de lienzos de muralla de una considerable elevación sobre el terreno y desde los cuales se divisaban los altos de Santa Margarita, avanzando por la Puerta de los Aires y finalizando en la Puerta Real, siguiendo el trazado sinuoso del propio terreno en que se asentaban. Disponían en su recorrido de diferentes ángulos entrantes y salientes, así como varios torreones situados en cada porción de terreno, lo que constituía una extraordinaria empalizada militar.

Cañones

De la Puerta de los Aires salían dos baluartes que se prolongaban hacía el Campo da Estrada y al de la Maestranza, y disponía de un reducido polvorín, una batería de cañones y una cisterna de agua. De la Maestranza corría la muralla por detrás del convento de San Francisco y seguía por la Puerta de San Miguel y el Parrote, en cuyo lugar se halla el antiguo baluarte de la ciudad, siguiendo por debajo de éste la muralla, la cual formaba diferentes ángulos y llegaba hasta la Cárcel Real. Desde este punto salía por detrás de la rúa das Tabernas e iba a enlazar con la muralla de la Puerta Real. Tanto ésta última como la de los Aires estaban abovedadas y disponían también de fosos y de sus respectivos cuerpos de guardia.

La muralla de la Pescadería comenzaba en la Puerta Real y proseguía su camino por detrás de las rúas de Riego de Agua y Real hasta los Cantones. La conformaban sus correspondientes parapetos y terraplenes así como un considerable número de garitas hechas en piedra para la guardia de sus centinelas,y en medio de esta muralla de hallaba la Aduana Real en cuyas cercanías se encontraban dos puertas que daban paso a dos rampas destinadas al embarque y desembarque de gentes y mercancías.

Cantones

Desde el comienzo del Cantón corría otro muro defensivo guardado por los flancos que conformaban los dos extremos de los Cantones, conteniendo en su recorrido las baterías de artillería posicionadas en tiro alto y bajo del fuerte del Malvecín o de San Carlos –con ambos nombres se le conocía– a esta fortificación defensiva que se situaba a la izquierda de las murallas y de la Puerta de la Torre de Abajo, la cual cerraba la entrada a la Pescadería y se extendía desde este punto hasta el arenal del Orzán, cuyas defensas estaban configuradas sobre un baluarte plano o en forma de tenaza que apuntaba en dirección del camino de Garás y otro medio baluarte de contra guardia, así como un reducido espigón armado situado sobre el mismo mar denominado el Caramanchón

La parte defensiva de este se unía a la Puerta de la Torre de Arriba, que miraba hacia Santa Margarita y contaba con dos puertas en puentes levadizos sustentados de cadenas, defendidos también por unos fosos en los cuales penetraba el agua del mar que pasaba desde la bahía por el Malvecín hasta el Caramanchón en el Orzán. l

Comentarios