Jueves 17.01.2019

Reportaje | Un arquitecto que dejó su marca por toda la ciudad y se merece salir del olvido

Mario Páez Suárez es el responsable de varios proyectos arquitectónicos llevados a cabo en la ciudad de La Coruña en el primer tercio del siglo XX. Entre sus obras destaca la primera sede del Real Club Náutico, un planteamiento que resultó ganador de entre cinco propuestas y que finalmente desarrolló Antonio Tenreiro

El primer edificio del Real Club Náutico, cuyo proyecto data de 1927
El primer edificio del Real Club Náutico, cuyo proyecto data de 1927

El arquitecto Mario Páez Suárez dejó en La Coruña muestras de su saber hacer, pero su nombre ha quedado en el olvido de la ciudad. Ente sus trabajos destaca el primer edificio del Real Club Náutico, cuya sede se levanta en el espigón oeste de la dársena de La Marina.
Hijo del matrimonio asturiano formado por Agustín Páez Mata, de Oviedo y de Delfina Suárez Martínez, de Gijón, nuestro arquitecto viene al mundo el 5 de junio de 1883 en Barcelona y se le ponen los nombres de pila Mario, Alejandro y Jesús. Cursa sus estudios de Arquitectura en la Escuela de Arquitectos de Madrid en 1901 y termina licenciándose  en 1909 con un proyecto de fin de carrera que lleva por título “Salón para conciertos de orquesta y orfeones”, con la calificación de “aprobado”. 
Quizás uno de los mejores proyectos de Páez sea el formado para edificación del Náutico coruñés y que resultó ser el que despertó mayor interés entre la junta social de la institución de entre los cinco candidatos presentados. 
Por motivos que se desconocen, el propio arquitecto Mario Páez remite una carta en la que solicita que no se dé por recibida su propuesta para el edificio con la cuenta presentada por las obras, de la que solicita que se le abonen los gastos de la contribución por la firma del proyecto. La junta social agradece su proyecto y acuerda que una comisión le visite para manifestar su agradecimiento personal y abonarle los gastos que señala.
El vocal de la junta y también arquitecto Antonio Tenreiro será entonces el encargado de realizar la obra siguiendo los planos diseñados por el propio Mario Páez, con las mejoras que estimó convenientes en el proceso de construcción. El edificio se inaugura el 16 de julio de 1929. Comprendía un palacete de planta baja y dos altas, el último con dos torreones con terraza en las esquinas. Aquel proyecto se consideraba clasicista y databa de 1927.

Salón Ideal Cinema y viviendas
En la ciudad coruñesa Mario Páez realizó otras obras diversas, como el salón  Ideal Cinema que abre sus puertas en la Gaiteira en 1929, propiedad de Antonio Ledo Pereiro, con frente a la calle del mismo nombre, fachada posterior a la zona del ferrocarril y el lateral a un terreno de la propia finca. En su lugar existía un salón de baile y se aprovechará del mismo solo las paredes medianeras que estaban en buen estado, procediendo a la demolición de la cubierta y las fachadas principal y posterior, para reconstruir de nuevo la edificación, con una capacidad para 314 personas. 
También construye dos casas, con planos redactados en el mes de junio de 1932 y en el de abril de 1933 y ambas destinadas a alquileres. Una, situada en el solar 53 de la calle Caballeros, de cinco plantas, siendo su promotor Aurelio López Orjales. La segunda casa estaba ubicada en el lugar de la Gaiteira 54 y su promotor es Antonio Varela y Varela. La edificación contará con una planta baja y tres pisos altos, el último de ellos, un ático. 
Asimismo, hará tres casas de reducidas dimensiones y de tipo habitacional humilde, de las cuales redactará los planos en 1926. La primera a construir estaba en el lugar de la Parromeira, en la confluencia del camino de Castiñeiras a Vioño y prolongación de una transversal a la calle VII del proyecto del Ensanche; y su propietario era Jesús Rivera. La construcción constaba de planta baja, piso alto y buhardilla, con una superficie construida de 71 metros cuadrados, lindando con los terrenos de Ángel García y Pascual Raymundez. 
La segunda consta de dos expedientes fechados en mayo y junio del referido año de 1926, con el proyecto de una casa vivienda a construir en el camino del Monte, lugar del Birloque, parroquia de San Cristóbal das Viñas, término municipal de La Coruña. Consta de planta baja, separada del terreno 60 centímetros para aislarla de la humedad y que tenga la debida ventilación que exige la conservación de las paredes y se procure a la vivienda las debidas condiciones de salubridad. Su propietario es Domingo Sande. 
La tercera es el proyecto en San Vicente das Viñas, lugar de Vío, donde se levanta una casa también de planta baja destinada a vivienda y situada en el camino que conduce de Mesoiro a Vío, a un kilómetro aproximadamente de la carretera a Ujes. Su propietario es Manuel Pan Sánchez y los planos se redactaron en el mes de julio del propio año 1926.

Construcciones en Lugo
El trabajo de Mario Páez Suárez no se ciñe solo a la ciudad de La Coruña. En Lugo, donde trabajó como arquitecto provincial entre 1911 y 1920 –se casó con la hija del vicepresidente de la Diputación lucense–, también hay obras suyas. 
Una de ellas es el diseño del llamado Teatro Nemesio de Vivero, que, por la iniciativa de Nemesio Barreiro Casal, se proyecta el 10 de abril de 1918. El teatro se enclavaba  en el casco antiguo de la villa de Vivero, y aunque era interesante, le faltaba un atisbo de monumental. Había sido diseñado con dos salidas laterales a unos callejones, como así se indica en la memoria, y constaba de planta baja y dos pisos. La entrada al teatro-cine se hacía por el hueco de la izquierda y a la derecha se abría espacio para una chocolatería. El piso principal se destinó a ambigú y detrás de la misma se situaban las gradas del teatro sobre el vestíbulo. En la segunda planta, además de la vivienda del propietario, se instaló la sala de proyecciones de cine.
También es autor del las Escuelas de los Maristas en Lugo, obra que se proyecta el 9 de marzo de 1915 y de la que hoy no queda rastro.
Es posible que haya más referencias sobre este olvidado arquitecto cuyos planos son muy interesantes de ver. Todos se conservan bien y son muestra de la dedicación cotidiana y son un punto de partida para estudiar su obra, poco analizada.

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