lunes 26/10/20

Los radares no consiguen reducir los siniestros en Alfonso Molina y A Pasaxe

En los últimos años, la DGT instaló dos nuevos radares que vigilan la velocidad en sentido entrada, tanto en la avenida de A Pasaxe como en la de Alfonso Molina. Es decir, dos de las principales vías de entrada y salida de la ciudad.

El velocímetro se puso en el kilómetro 3,1 de Palavea hace ya cuatro años	javier alborés
El velocímetro se puso en el kilómetro 3,1 de Palavea hace ya cuatro años javier alborés

En los últimos años, la DGT instaló dos nuevos radares que vigilan la velocidad en sentido entrada, tanto en la avenida de A Pasaxe como en la de Alfonso Molina. Es decir, dos de las principales vías de entrada y salida de la ciudad. El objetivo manifiesto de estos velocímetros es reducir la accidentalidad. Sin embargo, el subdelegado del Gobierno, Jorge Atán, reconoce que tanto la AC-11 (Alfonso Molina) como la AC-12 (A Pasaxe) no solo no han visto reducida su siniestralidad, sino que esta ha crecido, aunque ligeramente, pasando de 92 a 96 siniestros graves en 2016.
Atán desveló este dato antes de la celebración de la junta de seguridad local. “Hai un incremento de accidentalidade nos casos graves. Pequeno, e non hai ningún morto, pero existe”, reconoció. Tanto A Pasaxe como Alfonso Molina son vías de jurisdicción compartida. Eso quiere decir que la Policía Local y la Guardia Civil se reparten la jurisdicción sobre ellas a partir de un punto, como Ponte da Pedra, en el caso de Alfonso Molina. Sin embargo, los datos que aporta Atán son los recabados por la Agrupación de Tráfico, es decir, por la Guardia Civil, aunque dentro del término municipal.
Los últimos radares que se instalaron en estas dos vía fueron una metida adoptada, precisamente, después que tuvieran lugar accidentes graves en ellas. En el caso de Alfonso Molina a la altura de Palavea se activó a principios de 2013, a raíz de varios siniestros aparatosos. El de A Pasaxe se instaló a principios de 2014, en la curva de Servisa, después de uno de los accidentes más graves registrados en la ciudad en lo que va de siglo: una mujer de unos cincuenta años perdió el control de su vehículo, invadió la acera y arrolló a un matrimonio de avanzada edad, muriendo los tres.
Desde que fueron instalados, los radares han sancionado los excesos de velocidad con rigor (solo el de Alfonso Molina, en estos cuatro años, ha impuesto una media de 46 multas diarias) que no parecen haber tenido un efecto visible en la seguridad vial: no solo los accidentes graves suben, sino que se mantienen los leves y los que solo producen daños.

en otros puntos
Fuentes de la Agrupación de Tráfico señalan que hay que dar tiempo para que las estadísticas se amolden a la nueva realidad y señalan que hay escáneres que sí han provocado una reducción en la accidentalidad: “En la misma AC-12, por ejemplo, pero ya en el término de Oleiros” .
También destacan que la mayor parte de los siniestros no son salidas de vías, sino alcances provocados por dos o más vehículos causados por no respetar las normas de seguridad y añade que este año el buen tiempo ha sido la norma, lo que se traduce en un incremento de los viajes. “Es cierto que cuando hace mal tiempo, también hay más accidentes. Lo que ganas por una parte lo pierdes por otra”, señalan estas mismas fuentes. n

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