Martes 11.12.2018

Las losas que pisan todos los coruñeses

La calle Real se denominó el 21 de mayo de 1820 como calle de Acevedo, en memoria del coronel de Infantería que hizo las veces de capitán general, Félix .

Aspecto de la calle Real a finales del siglo XIX
Aspecto de la calle Real a finales del siglo XIX

La calle Real se denominó el 21 de mayo de 1820 como calle de Acevedo, en memoria del coronel de Infantería que hizo las veces de capitán general, Félix Álvarez Acevedo, y que propició el triunfo liberal en Galicia el 21 de febrero de 1820. Murió en una refriega librada en el camino de Santiago a Ourense y al finalizar este corto periodo liberal, la calle recobra su primitivo nombre. 
Volverá a lucir el 20 de abril de 1931, con el primer Gobierno municipal, el nombre de calle del Capitán Galán, en homenaje a una de las víctimas de Jaca. El 14 de diciembre de 1930 estas se alzaron contra la monarquía de Alfonso XIII en nombre de la República, lo que propició por parte del Gobierno el envío de fuerzas desde Zaragoza a fin de abortar aquella sublevación, siendo fusilados en el cerro de los Mártires, a las puertas de Huesca, los capitanes del Regimiento Galicia, Fermín Galán y Ángel García Hernández, como cabecillas de la fracasada sublevación. 
En el verano de 1936 la vía recupera de nuevo su nombre de calle Real.
También como dato curioso sobre dicha vía, hay que señalar que en 1810 la calle Real disponía de 27 pozos de agua para el suministro de sus moradores. Dicha agua era salobre debido a su cercanía al mar, por lo que no era apta para el consumo; para este efecto estaban las fuentes de la ciudad que abastecían a la población del agua potable necesaria que llegaba de los arroyos y manantiales de Cances, Silva, Vioño, San Pedro o Torre das Vellas. 
Hasta finales del siglo XVIII, esta céntrica vía era una calle sinuosa, pero a partir de 1791 entra en vigor la orden de las alineaciones y la calle toma el aspecto que puede observarse hoy en día.

pavimento
En cuanto a la pavimentación, el 28 de noviembre de 1947 se aprueban varios proyectos entre los cuales estaban la calle Real y su Travesía, debido al deterioro en que se hallaba el firme –hay que tener en cuenta que a esta fecha había más de cien años que se había embaldosado dicha calle–. La Alcaldía dispuso que los trabajos se efectuasen por el sistema de administración y destajo, siendo las obras de la calle Real y su travesía presupuestadas en 491.295,97 pesetas. El pliego de condiciones lo realiza el arquitecto Santiago Rey Pedreira.
La obra consistirá en un nuevo enlosado, aprovechando el pavimento existente de losas de cantería. Este estaba en algunos puntos completamente gastado por sus aristas, lo que producía un gran número de baches. Dichas losas en ese momento se asentaban sobre tierra, por lo que serán repicadas y asentadas sobre un firme de hormigón. Aquellas otras piezas que por su mal estado resultaron ser inútiles  serían sustituidas por otras.
Mientras, la piedra a emplear en la construcción de bordillos y encintados será de granito fino y compacto, de análogas condiciones y de la mejor clase de las canteras del Monte de San Pedro.
El plazo para finalizar la obra será de 10 meses para dicha calle y su travesía. 
El día 27 de diciembre de 1947 se celebrará la apertura de plicas en el despacho de la Alcaldía, pero un día antes de la subasta el secretario del Ayuntamiento Alejandro Rebollo Álvarez, certifica no haberse recibido propuesta alguna para optar al concurso de las obras, declarándose desierta la subasta y volviendo a licitarlas el sábado 17 de enero de 1948. El día 29 dicho secretario confirma que tampoco se había presentado propuesta alguna, quedando de nuevo desierta la adjudicación.

propuesta
En este estado de cosas, el 28 de febrero de 1948 se da cuenta de una propuesta formulada por el contratista Rodolfo Lama Prada para llevar  acabo la obra por medio del arquitecto Santiago Rey Pedreira, que la comunica el 2 de marzo a la Alcaldía. El día 4, el Ayuntamiento acuerda concertar las obras, dirigiéndose a las oficinas de dicha empresa en el Cantón Pequeño. El 5 de mayo el pleno municipal acuerda imponer contribuciones especiales a los moradores y comerciantes de dicha calle y travesía. 
Mediante una comunicación del ingeniero municipal, las obras darían comienzo el 8 de marzo y sería adjudicada definitivamente a Rodolfo Lama, en su primer tramo, el cual iba desde el final de la calle Real en confluencia con el Cantón Grande, hasta el callejón de la Aduana y travesía de la calle Real. 
El 21 de diciembre de 1948 el arquitecto municipal da cuenta de haber procedido al reconocimiento del primer tramo de dicha vía, a fin de hacer constar, si las obras reúnen las condiciones estipuladas y por tanto podía procederse a su recepción, ya que la liquidación había sido practicada en el mes de septiembre anterior.
Al comenzar los trabajos de pavimentación con losas de cantería de la calle Real se aprovecha el material existente en dicha vía, también de losas de piedra granítica, pero debido al mucho tiempo que hacía que se construyó estaba muy deteriorado. La piedra granítica existente presentaba una gran dureza de labra por tratarse de granito del Monte de San Pedro, de grano muy fino blanco y compacto, lo que permite un perfecto acabado de sus superficies, pero el desbastado es más lento y difícil. 
Esta gran dureza tiene la ventaja de su resistencia al desgaste por el tráfico rodado, pero teniendo en cuenta que es la calle Real la de más importancia comercial y de lujo de La Coruña, no podía dejarse un apiconado fino en la superficie de piedra por su incomodidad para el peatón y por su aspecto, por lo cual se mejoró la finura de labra con el consiguiente aumento de costes.

restos
El tramo comprendido entre el callejón de la Aduana y la confluencia de las calles Bailén y Riego de Agua, se adjudica al contratista Raimundo Vázquez Fernández en noviembre de 1948. 
Al realizar este segundo tramo es cuando aparecen unos restos humanos al inicio de la calle Real, en las proximidades en que se hallaba el cementerio de la iglesia de San Jorge, donde hoy se alza el teatro Rosalía de Castro. José María Luengo estimó que estos restos databan del periodo romano sobre la IV centuria de nuestra era. 
Aparecieron tres urnas cinerarias llenas de huesos y cenizas, que los obreros destrozan y una sepultura de inhumación, que también deshacen y de la cual solo se pudieron salvar algunos ladrillos y gran parte del esqueleto. Lo hallado se reducía a una sepultura de adulto, cuyo esqueleto se recogió íntegro, parte de otro adulto y una de un niño, hallándose colocadas como si se tratase de un panteón familiar.
En toda su existencia la calle Real, ha sido una vía comercial y de tránsito o paseo para los coruñeses y sus visitantes.